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27 de febrero de 2015

Paseando por Malasaña en busca de un sentido

Ubicación: Centro Conde Duque, Calle Conde Duque, 28015 Madrid, España


Un título extraño ¿verdad? quizá os estéis preguntando de qué carajo os voy a hablar hoy... 

Pues os voy a contar que hace poco colaboré con la iniciativa de MadridTB -la asociación de Travel Bloggers a la que pertenezco-, y el Festival El viaje y sus Culturas, una estupenda convocatoria que ha tenido lugar recientemente en Madrid, y que esperemos se repita el próximo año. 

Ese domingo se trataba de unir varias pasiones en una experiencia... sensorial: retratar con nuestras cámaras de fotos los 5 sentidos en un espacio concreto, Malasaña. 

Es lo que llaman "Photowalk", o españolizado: "Fotowalk". 
Más claramente: un paseo haciendo fotografías. 

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Últimamente hay bastante oferta de este tipo de experiencias, y la verdad es que si os gusta la fotografía, y también viajar, es una buena salida para dar rienda suelta a estas aficiones aunque sea en vuestra propia ciudad. 

Es más, es muy recomendable que sea en vuestra ciudad porque seguramente aprenderéis a verla con otros ojos, a fijaros en cosas que hasta ahora os pasaban desapercibidas... y a ensayar o aprender vuestras mejores tomas para cuando estéis en el destino soñado. 
Así que... altamente recomendable!! 

Si además conocéis a buena gente, simpática y con la que al menos ya tenéis un aspecto en común -el gusto por la fotografía- ¡¡apaga y vámonos de fotowalk!! 


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Como os iba contando, que me lío... 
Los asistentes nos dividimos en 5 grupos, uno por sentido. 

Me tocaba liderar un grupo, y hasta ese momento no sabía qué sentido me podía tocar. 
Al principio eso me daba un poquito de no sé qué. Demasiadas primeras veces: liderar un grupo que va a hacer fotografías y sobre un tema concreto pero desconocido hasta unos minutos antes de empezar. 


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No nos tocó el más "facilón", si es que había alguno... Pero ya sabéis, como todo en esta vida, tú pones el listón más o menos alto. 

Nos tocó el OÍDO. 

Hala, a retratar sonidos, ruidos... todo aquello que estimula para bien o para mal este sentido, el oído. 
Y además hazlo, a ser posible, haciendo notar que estás en Malasaña y no en Sebastopol. 


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Pues nada, a andar por el barrio y dejar que fluyan las ideas, la inspiración, los objetos o metáforas que podamos encontrar para hablar con las imágenes estáticas y mudas de... el Oído. 

Poco más había que hacer. Esto de "liderar" un grupo no era para tanto, o quizá es que mis compañeros eran muy muy majos y no esperaban más que pasar una buena mañana, comida y tarde, haciendo una de las cosas que más les gusta: fotografiar. 
Yo sólo tenía que andar pendiente de la hora y sugerir posibles direcciones a tomar. 

Por otro lado, el  día era perfecto, incluso las terrazas se iban llenando poco a poco de gente con ganas de disfrutar del café tardío del domingo, o la cerveza temprana, o el vermouth a su hora...  del sol sin viento (un lujazo en Febrero), y sobre todo de conversaciones. 

Venga, al lío: 


¿A qué suena Malasaña? 


Malasaña suena a eso, a conversaciones en las terrazas, en bancos y en los pequeños parques en los que los niños pueden dar rienda suelta a su deber: el juego. 

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Malasaña suena a antiguas conversaciones en las cabinas públicas, a las 11 horas o a las 3 de la mañana. Yo desde luego hice alguna a esas horas, en aquellos tiempos en que no había móviles y sobrevivíamos, quizá hasta vivíamos mejor.  


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Malasaña suena, de vez en cuando, a ladridos de perros que se enganchan por un "me has mirado mal" (me lo invento). Y no, no conseguimos ninguna instantánea de ése momento, que hubiera reflejado muy bien el ruido que al fin y al cabo estimula o afecta al Oído. Mira que lo intentamos... 


Malasaña suena al grupito de Hare Krishna que salen a dar el toque de color y sonido a la mañana dominguera. Aceptaron muy bien nuestro acoso fotero, y además nos invitaron al templo, supongo que con el ánimo de conseguir más adeptos, pero no se lo vamos a reprochar :)


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Malasaña suena a música de la Movida Madrileña, suena a Rock, a Punk, a Heavy, a Blues, a Funk... porque es uno de los barrios de marcha más cañeros y canallas que perviven en el centro de Madrid. Siempre ha sido uno de mis preferidos, si no el que más. 



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Uno de los garitos que más me gustan de Malasaña, en el que he pasado muy buenos ratos nocturnos, y los que vengan :)



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Malasaña suena a campanas de misa, sí, sí, los domingos no fallan y te transportan al pueblo. 


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Suena menos a tráfico de lo que parecía o uno se imagina, al menos en domingo... 
Suena menos a músicos callejeros de lo que podría parecer, al menos ése domingo... 

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Pero sí, Malasaña suena y se oye, también luce, se saborea y se huele, pero de eso se encargaron otros aquél domingo, aunque no nos faltaron tentaciones! 


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Un barrio que no podéis dejar de visitar. Seguro que no está en las rutas turísticas de la capital. No está en el circuito de Museos, ni en el de Parques y Jardines, ni en el de Espectáculos... Madrid ofrece muchísimo que ver y hacer, pero quizá por eso, si os apetece conocer el Madrid más callado, más íntimo, más de pueblo, más reformado y a la vez agrietado, puede que más romántico, no dejéis de ir a Malasaña. 


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El Fotowalk terminó, pero no el domingo. Nos fuimos todos juntos a por un menú contundente con el que recuperar fuerzas, y ya con todos los sentidos juntos, je, je. 


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En La Pomarada, un bar asturiano de la Calle Conde Duque donde no vais a pasar hambre y por un precio módico, 36 personas -la mayoría desconocidos entre sí-, compartimos mesa entre conversaciones, risas, intercambios de información, y sensación de estar bien, en buena compañía. 
Esto puede sonar a "exaltación de la amistad" y probablemente lo sea, pero la experiencia fue tan buena que quería dejarlo por escrito aquí, públicamente. 

También para recordar que en la familia viajera y fotógrafa es fácil encontrar buena gente con la que es un placer pasar un buen rato, incluso todo un día, incluso viajando dentro de tu ciudad.   

Un abrazo especial para Lucía, Sara, Sergio, Heber, Raquel y Natalia, mis compañeros de Oído, majos majísimos y con buen ojo para las fotos!! (aunque las que he publicado aquí son todas de mi autoría, os avisaré en la cuenta de Facebook de Los Viajes de Ali cuando se publique el artículo en la web de MadridTB con el resultado del equipo).

Otro abrazo especial para el resto de participantes, con algunos pude conversar en la comida, otros son mis compañeros en la asociación y en el mundillo bloggero, y ya en mi corazón :)

Un placer, y a seguir fotowalkeando!! 



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23 de febrero de 2015

Valle de Fergana

Ubicación: Ferganá, Uzbekistán


El Valle de Fergana es la región fronteriza entre Uzbekistán y Kirguizstan, y vía terrestre de comunicaciones y comercio hacia el oeste de China. 

Con sus fértiles tierras y cultivos, en 2007 (cuando fui yo) esta región entre dos países seguía siendo considerada un foco de tensiones porque en los años 90 se levantaron los uzbekos de la zona de Osh (en territorio kirguis) para reclamar su independencia y anexión a Uzbekistán. 
Los kirguises les respondieron, las tropas de la URSS intervinieron... en fin, un cristo que se saldó con bastantes víctimas, robos y pillajes.

Una zona sensible por su valor geoestratégico que va más allá de las disputas clásicas sobre los metros de más o menos frontera que le corresponde a cada país, porque los intereses imperialistas de la poderosa China están ahí.  Para colmo, son países bastante "novatos" como tales ya que antes estaban integrados en la URSS. 
  

Osh es la capital de la parte kirguis, y la segunda ciudad más importante de esta joven república. 
Aquí operan, como en muchas otras ciudades semifronterizas, organizaciones dedicadas a pasar mercancías de todo tipo. Recuerdo que en las principales avenidas de la ciudad se veían cochazos de lujo sin dificultad... Pero lo que más recuerdo de esta ciudad son dos cosas: los preparativos para la celebración del Día de la Independencia en una plaza de corte soviético y por tanto enorme, y el mercado donde nos abastecimos para los siguientes días. 

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Sobre la celebración, nos encontramos con los ensayos de los "típicos" bailes multitudinarios y perfectamente coordinados bajo la sombra, aún, de una gran estatua de Lenin (lo de la sombra es un decir).
Las maneras de la extinta URSS, que no fue capaz de forjar una identidad común entre todas las Repúblicas que tuvo bajo su mando, siguen estando ahí a pesar de todo, irónicamente para celebrar su independencia. 



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El mercado fue un placer para los sentidos. Organizado por mercancías, se vendía desde fruta perfectamente presentada, hasta carne, tintes, frutos secos.

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Además de las mercancías, observar los diferentes rostros y rasgos de la gente fue otra de las grandes distracciones de aquél rato, pues quizá sea en estos países de Asia Central, y en estos territorios de fronteras artificiales, donde la mezcolanza de pueblos es tan evidente, tan palpable. 
Por cierto, como podéis ver en las fotos, la gente es realmente amable


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En un aparte de la calle principal del mercado nos encontramos con el lado más divertido: el mercado de las joyas, consistente en un montón de señoras cada una con su mercancía de pendientes, cadenas, pulseras, etc. -la mayoría con casi todo puesto encima- sentadas en sillas muchas más pequeñas que ellas, vendiendo a gritos, recitando sus precios de salida y regateando con paciencia y una buena sonrisa.

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Mientras comprábamos el avituallamiento para los siguientes días, observo las forjas donde se siguen haciendo los famosos cuchillos de la región, las peluquerías, y las mujeres venidas de los pueblos de los alrededores comprando telas para hacerse nuevos vestidos. 

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Fergana está en el otro lado de la frontera, en Uzbekistán. Este es el punto, al parecer, más caliente de la zona y la verdad es que pasamos casi como una exhalación. Incluso nos distribuimos en un par de coches-taxi sin distintivos, discretos, para no destacar en la carretera. 

Aun así tuvimos tiempo de visitar la plaza principal, donde los chavales se remojaban en la fuente para suavizar el calor veraniego, y un mausoleo cuyo nombre no recuerdo y que era precioso.

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También nos acercamos a los talleres de seda que justifican el paso por aquí... 
Todo el proceso es visible, desde los capullos de seda hasta el hilado, teñido y por último el tejido de las telas con máquinas de la época de la Revolución Industrial que aún funcionan y conviven con telares tradicionales preciosos, de madera y primorosamente pintados con motivos florales. 

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Este es uno de esos puntos del viaje en el que la Ruta de la Seda toma cuerpo, se hace realidad, está ahí mismo, delante de nosotros. 

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