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29 de septiembre de 2014

El Callejón de Huaylas

Ubicación: Yungay, Perú


Los pueblos y rincones del Callejón de Huaylas que pude visitar de camino al Parque Nacional de Huascarán me abrieron la puerta a la historia reciente y en mi opinión, tremenda, de esta zona del Perú. 

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Pueblos que han sucumbido a los desastres naturales una y otra vez, que han sido arrasados por movimientos tectónicos, por enormes porciones de las orgullosas montañas que son "de postal", sí, pero implacables cuando se hacen notar. 


Región de Huaraz
Plaza de Armas de Carhuaz

Poco o nada queda de las ciudades coloniales que antaño fueron. Pero la cultura sigue viva, a pesar de que la naturaleza se haya cobrado tantas vidas. 

Pueblos con costumbres curiosas, sorprendentes, algunas terroríficas, algunas en vigencia y otras no, como la historia de los sacamantecas, señores dedicados a raptar a personas rollizas para -después de matarlas-, sacarles toda la grasa corporal que por lo visto es muy buena para muchas cosas. Actuaban por encargo, y aun hoy en día algunas familias son recordadas porque uno de sus miembros se decía que era un "sacamantecas".  

Otro ejemplo: en la provincia de Jarguas (una de las 20 provincias del Departamento de Ancash en el que se ubica este valle), aún funciona la costumbre de que las parejas convivan un mínimo de 2 años antes del matrimonio. Si tienen hijos en ese tiempo de convivencia fuera del matrimonio, los hijos viven con los abuelos que mejor puedan mantenerles y cuidarles. Así, si la pareja se separa antes de casarse, no habrá problemas con la custodia. En principio se pueden casar por voluntad propia a partir de los 18 años (mayoría de edad legal), y si quieren hacerlo antes, los padres han de dar permiso. Ah, por cierto, lo que está mal visto es que rompan el matrimonio. 

Carhuaz


Uno de los pueblos de esta provincia es Carhuaz, donde hicimos una parada aprovechando que era día de mercado. 

Región de Huaraz

Región de Huaraz

Como en la mayoría de comunidades indígenas, las vestimentas tradicionales incluyen signos que identifican la pertenencia de los que las llevan, y algunos datos más... especialmente en el caso de las mujeres.  

Aquí, las mujeres con sombrero blanco y cinta rosa están solteras o conviviendo con su novio. Si llevan una cinta roja en el sombrero, entonces es que están casadas. Y si la cinta es negra, es que son viudas. 


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Aprovechamos nuestro paseo por el mercado para comprar algunas frutas, como naranjas y lo que aquí llamamos "caracolas". A las señoras, tímidas pero decididas a vendernos, no les gustaban las cámaras ni la charla con los foráneos, pero no dejaban de observarnos y reírse por lo bajini. A saber qué pensarían! :) 

Carhuaz


Carhuaz es famoso por otro asunto... una heladería  en la que todos los buses de turistas paran (en su gran mayoría turismo local venido de otras zonas de Perú). 
No podíamos ser menos, había que probarlos, aunque reconozco que pensé que quizá esto supusiera una "práctica de riesgo" para la tripa, ya me entendéis: helados naturales y hechos con frutas que en muchos casos no habíamos oído en la vida, y a un precio más que asequible. Veredicto: buenísimos!! (y nadie se puso malo). Está en la misma Plaza de Armas, se llama Helados Porvenir y es un local muy humilde pero no tiene pérdida. Absolutamente recomendable! 

Carhuaz


Otro lugar más que interesante del Callejón es el Camposanto de Yungay, uno de esos rincones que como he advertido al principio, tiene una historia tremenda. 

Camposanto de Yungay


A 2458 m de altura, Yungay fue arrasada totalmente, y la mayoría de las 25.000 personas que la habitaban, quedaron sepultadas. De hecho, sobrevivieron 300 familias o unas 2.000 personas. Cifras apabullantes, difíciles de encajar mentalmente la primera vez que te las cuentan.  

Ocurrió una tarde del mes de Mayo, en 1970

Una gran porción del pico Huascarán, debajo de su cumbre, se desprendió por un terremoto de 7.8 en la escala de Ritcher y aniquiló todo lo que encontró a su paso. 

El terremoto ocasionó que unas horas después de suceder, ése gran "trozo" de montaña cayera. Prácticamente rebotó en las lagunas glaciares  que había a sus pies y tomando impulso la lengua de piedras y tierra avanzó hasta llegar a los 200 km/h de velocidad. Una lengua de destrucción que se estima medía 1 km de ancho por 1,5 de largo. 


Hoy se observa perfectamente el corte en la montaña, que ahí sigue, recordando su poder. 
Región de Huaraz
El jardín que un día fue el pueblo de Yungay





Sólo quedaron visibles y en pie las copas de algunas palmeras de la plaza de armas, que ahí siguen. También el cementerio original que estaba construido en una loma un poco más allá. 
Precisamente algunos se refugiaron allí y pudieron salvarse. Ironías de la vida. 
Además de esos pocos afortunados, se salvó un gran grupo de niños que asistía a una función de circo en el estadio que había fuera del pueblo.   
Región de Huaraz
Las antiguas palmeras de la Plaza de Armas quedaron en pie, y hoy se acompañan de otras nuevas. 





Nuevo Yungay se ha reconstruido a un 1 km. del antiguo, sobre el campamento de damnificados que se habilitó tras la catástrofe. 

El camposanto es hoy un inmenso jardín lleno de rosales y otras flores, con calles para recorrerlo y que parecen conducir al Huascarán. La sensación es que puedes alcanzarlo en un paseíllo. Me seguía hipnotizando por su tamaño y belleza, pero me llenaba de congoja pensar en que una parte había causado todo aquél desastre.  

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Con el tiempo, los supervivientes fueron ubicando sus casas y algunos han levantado cruces recordando a los seres queridos que allí quedaron. 


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Los restos del ómnibus se exponen como una escultura moderna, o como un resto de un desguace de coches (así quedó, ahí quedó clavado en la roca), un poco más allá de los de la catedral. Las catedrales, siempre la mejor construcción, la más resistente. Pero no infalible. 

Camposanto de Yungay


No fue ésta la única población que sufrió. Huaraz fue destruida por el mismo terremoto en un 80%, y el resto de poblaciones del Callejón de Huaylas también. En total, se calcula que fallecieron 70.000 personas.
Aún son muchas las personas que vivieron aquella tragedia y pueden contarlo, y también siguen recordando la ayuda internacional que muchos países, incluso los enemistados con Perú como el caso de Ecuador, aportaron en aquellos días terribles. 

Si tenéis curiosidad, os dejo aquí el enlace a un documental sobre el terremoto, que recupera los testimonios de los supervivientes e imágenes de aquél desastre. 






Tras esta impactante visita, y para no dejaros con un sabor de boca muy agrio, comimos en el Nuevo Yungay, y allí vi de cerca y pude acariciar a mi primera alpaca, uno de los camélidos (de la familia de los camellos para que nos entendamos) andinos. 
Preciosa, me sorprendió su mirada absolutamente humana. Buscaba las caricias e incluso adelantaba el morro en un gesto que parecía que te quisiera dar un beso. Me declaro fan de las alpacas!! 




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22 de septiembre de 2014

La Cordillera Blanca y los sueños

Ubicación: Huaraz, Perú


¡Qué ganas tenía de empezar a escribir sobre esta región peruana, que fue una de las grandes sorpresas del viaje! 

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Me refiero a la Cordillera Blanca, y más en concreto a la zona del Callejón de Huaylas (palabra quechua que significa "verdor"). 

Clara y rotundamente, la región donde la Cordillera Blanca y la Cordillera Negra se miran de frente, separadas por el río Santa, fue el principio de un amor... 

¿Por qué Cordillera Negra? porque los vientos cálidos que llegan de la costa no permiten que la nieve se acumule y permanezca. Su apariencia es la de cerros suaves cubiertos de matorral bajo. Las rocas que la conforman son volcánicas y pizarrosas, muy porosas, poco retentivas de raíces y agua. La verdad, es como el "patito feo" de su espejo, la Blanca. 

Cordillera Negra
La Cordillera Negra a la altura de Yungay

¿Por qué Cordillera Blanca? porque los vientos alisios que vienen del Atlántico se enfrían al llegar a esta cordillera y permiten que la nieve y el hielo permanezcan en las alturas. Sus rocas son de tipo granítico y las laderas muy abruptas, nada que ver con su melliza y... bellísima. 

Sí, amor, porque allí se ubica el Huascarán, la montaña más alta de Perú y -dicen- la montaña tropical más alta del mundo, con sus 6.768 m. de altura.
Siempre nevada -aunque no tanto como antaño por culpa del cambio climático-, con impresionantes glaciares colgando alrededor de su cumbre, el Huascarán es una mole que se ve desde lejos. 

Me encantó desde el primer momento en que la vi, no sólo en sí misma sino por todo el paisaje que la rodea incluyendo otros picos igualmente bonitos.  

Huascarán
El Huascarán al atardecer



Llegar hasta allí nos costó... muchas horas de autobús desde Lima y experimentar por primera vez las molestias de la altura, que incluye mareo, dolor de cabeza y de estómago. 
No en vano ascendimos en un solo día desde el nivel del mar hasta un puerto cuya altura superaba los 4.000 m. de altura, aunque luego bajamos hasta Huaraz, donde dormimos a 3.100 m.  

Las primeras horas del día transcurrieron como flotando por la mítica Panamericana -esa cinta de asfalto que recorre todo el continente-, entre nieblas y cielos nublados de un frío y deprimente gris blanquecino. Parecía que estábamos atrapados en un mal sueño, de verdad, porque ni siquiera el paisaje se podía lucir con ese ambiente.  


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Sin embargo, al rato de girar en dirección contraria a la costa y de comenzar a subir en altura por un valle con forma de V, de laderas muy pronunciadas y altísimas -además de peladas-, el cielo se fue despejando y sólo entonces me di cuenta de cuánto echaba de menos el azul del cielo y el sol, tras un par de días sin ellos.  

En estos valles se cultiva todo tipo de frutas y hortalizas, y en Agosto se secan los ajís o pimientos, picantes y no picantes, junto con manchas naranjas y amarillas de choclo (maíz). 


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Paramos para ver de cerca uno de estos secaderos, que no es más que el aprovechamiento de las empinadas laderas para extenderlos y removerlos a fin de que la humedad no los enmohezca. 

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Uno de los trabajadores que estaba en plena faena, al vernos, nos dijo: ¿van a poner las fotos en Internet? 

Yo le dije que sí, no muy segura de lo que ello podría significar, o más bien temiendo que nos echara una bronca -aunque yo aún no había levantado la cámara hacia él-.
Pero resulta que se puso muy contento y quiso posar para nosotros para, acto seguido, preguntarnos dónde las podría ver. 
Yo le dije el nombre de este blog, y le advertí que aún tardaría unos dos meses en publicarla. Espero que la encuentre, porque aquí está! :)

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Después continuamos por la carretera llena de curvas, cada vez con más sol y menos nubes, y ascendiendo sin parar hasta el puerto cercano a la laguna de Conoccocha

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Entrábamos en el Departamento de Ancash, y allí estaban los picos con los que había soñado las semanas anteriores. 
No el Huascarán, aún no, pero igualmente el paisaje era fantástico. 
Hacía bastante frío por el viento helado que soplaba, y un ligero mareo me acompañaba, pero estar allí lo compensaba con creces porque estar en lugares como éste te llenan de energía, te hacen sentir especial porque sabes que no todo el mundo llega allí... en fin, ser consciente de dónde estás es en sí mismo un placer :)  


Enseguida iniciamos el descenso hasta un pueblecito donde fuimos a comer, siendo ya las 3 de la tarde. La primera comida del lugar: levantamuertos


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Este plato de descriptivo nombre es recomendado para recuperarse del mal de altura o soroche, y se trata de una riquísima sopa hecha con gallina y llunca -cereal- que me sentó de maravilla, seguida de una trucha al ajo. Compartí ambos platos con mi compañero Martín para no comer demasiado (las digestiones son más pesadas cuando andas por encima de los 3000 m.), y aun así fue más que suficiente. Un mate de hojas de coca, el primero del viaje, completaron la reparadora comida que, efectivamente, me sentó muy bien!! Aunque fuera pasajero, porque el soroche va y viene, y siempre vuelve. 

Y así, continuando por la sinuosa carretera, llegamos a Huaraz cuando el sol empezaba a ocultarse.
Esta es la capital de Ancash y principal centro comercial del Callejón de Huaylas, con unos 160.000 habitantes. 

Por cierto, a los habitantes del Callejón les llaman serranos o cholos (despectivo), pero la palabra correcta según ellos es andinos. 

No voy a negar que la ciudad me decepcionó. 
De arquitectura moderna y nada bonita, con muchas casas sin terminar, Huaraz apenas tiene atractivo o encanto "típico" si sólo nos fijamos en sus calles y edificios... y esto ocurre con la mayoría de las poblaciones del Callejón. 
Pero tiene una buena razón. 

En 1970 fue arrasada completamente por un terremoto que acabó con las viviendas, iglesias y la propia catedral. Con todo. De hecho, esta última aún sigue reconstruyéndose sobre la base de lo poco que quedó en pie, su fachada. 
Por supuesto se dice, se cuenta, que por allí rondan las almas de los sepultados por el terremoto. 



Huaraz
Las vistas desde el Hotel Santa Cruz son maravillosas


Nos alojamos en el hotel Santa Cruz que nos recibió con un jardín trasero con vistas... alucinantes! Aunque está un poco a desmano del centro (unos 15' subiendo una cuesta muy empinada y os recuerdo que a más de 3.000 m de altura), vale la pena. La limpieza y el desayuno también son más que recomendables, y sí, tiene wifi gratuito ;) 

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Atardecer en la Cordillera Blanca, casi noche ya en Huaraz, el fondo del valle. 



Nos costó salir del calorcito y bienestar del mate de coca y la estufa del salón que da al patio, mientras mirábamos hipnotizados la Cordillera Blanca, pero también queríamos conocer Huaraz así que salimos a pasear y cenar. 

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Cartel electoral... "Maicito" es un partido de la zona de Huaraz. 


Nuestra primera tarde-noche la recuerdo andando por las calles y plazas. Con calma, pues el soroche nos estaba pegando. También buscando con la mirada los magníficos nevados que los colores del atardecer realzaban. 
Cumbres que hipnotizan, así que no me extraña que sean la morada de los espíritus y los dioses a los que los quechuas oran y piden para que las cosas vayan bien. 

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Fue muy curioso, porque la primera parte que recorrimos, bajando siempre por la calle principal, estaba todo bastante tranquilo, prácticamente vacío. 

Sólo algunos grupos de adolescentes andaban por las plazas siendo domingo por la noche y además época de vacaciones escolares. Como en tantos otros sitios del mundo, los adolescentes, adolescentes son :)

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Sin embargo, fue ir un poco más allá y nos encontramos con un montón de vidilla, en la Avenida Luzuriaga, que es la arteria principal de Huaraz: comercios, gente yendo y viniendo, tráfico... Noté que había muchas peluquerías y barberías, todas abiertas, y comercios de ropa de abrigo, así como telefonía móvil y tecnología. 

Después de pasear a placer, decidimos ir a cenar a La Brasa Roja, un restaurante con música en directo y muchísima gente y ruido, pero donde la comida estaba bastante bien (aunque un poco lentos en el servicio). 

Huaraz me había desilusionado, pero no el entorno, ni la Cordillera Blanca con la que esa noche soñaría porque nos íbamos a acercar mucho más. 

El principio de un gran amor que se continuó y reforzó cuando al día siguiente, de buena mañana y para empezar bien el día, subimos al mirador de Rataquenua para tener una mejor vista del Callejón de Huaylas, Huaraz y la Cordillera Blanca. 

Con ella y la enooorrrmmeeee cruz que señala el lugar, me despido por ahora :) 

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Huaraz


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15 de septiembre de 2014

Lima, esa ciudad

Ubicación: Lima, Perú

Me acerqué a ella con mucha pereza. 
No porque no tuviera ganas, todo lo contrario pues estaba empezando un viaje, mis vacaciones, y no podía estar más contenta, pero... Lima me daba pereza. 
Lees un poco sobre su tamaño y distancias (100 km. de longitud!) y piensas madre mía, es enorme, no sé cómo lo voy a hacer si sólo tengo un día (o dos). 

De hecho, concentra casi el 30% de la población del país (8 millones de habitantes), y sufre un crecimiento indiscriminado durante kilómetros y kilómetros en las faldas de las montañas que la rodean. Son las llamadas "invasiones", o sea, chabolismo. 


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Además, en lo que es nuestro verano, llegas y te encuentras con un cielo encapotado y gris-blanco que no tiene pinta de levantar en todo el día y la temperatura es fría a primera hora de la mañana. 
Parece que el ánimo lo tienes que poner tú al 100%

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Pero luego no llega tanto la sangre al río, y está bastante bien empezar a conocer Perú y a los peruanos por aquí, por el principio :)

Hablando de ríos... el nombre de Lima, dicen, viene de Rímac que es el río que discurre por estas tierras, y a su vez Rímac es una palabra quechua que significa "hablar". 

Nos alojamos en el Barrio de Miraflores, la zona que muchos turistas escogen por ser más segura y tranquila que el centro histórico y también por tener un mayor número de servicios (oferta hotelera, restaurantes, tiendas, vida nocturna, etc.). 

Yo, no sé si por que había leído algún párrafo en la guía o por asociaciones que hice al nombre, me esperaba un barrio "bonito", con casitas o villas y jardines. 


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Y... debía de ser así hace años, cuando aquí los que vivían era gente con dinero, con mucho dinero, pero con el tiempo se ha convertido en un barrio de clase media y las casitas o pequeñas villas han ido desapareciendo para dar paso a edificios de oficinas y pisos, algunos de bastante altura, de arquitectura moderna. Ah, los ricos se fueron a otro barrio (La Molina, nos dicen) en cuanto vieron que éste cambiaba. No vaya a ser que se contaminen. 

Miraflores se asoma al océano Pacífico, y esta es una de las mejores actividades que se puede hacer allí, ir a verlo (junto con la compra de artesanías y recuerdos para la vuelta, ya sea algo que os quedó pendiente o si sois de los que dejáis esto para el final del viaje). 

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Paseamos al borde de los acantilados de arena, contemplando ése océano que yo veía por primera vez y que sin embargo casi no se dejaba ver, cubierto por las nieblas que se generan gracias a la corriente de Humboldt (como en la Costa de los Esqueletos de Namibia); nos tomamos un rico café en un modernísimo centro comercial que está allí mismo, encaramado en los extraños acantilados de arena, y dimos una vuelta por el Parque del Amor, un lugar al que van las parejas de enamorados y que se compone de bancos tapizados de poemas y citas sobre el amor, y el desamor.  

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Bueno, en realidad esto lo hicimos ya más bien por la tarde porque... tras el vuelo nocturno de 12 horas desde Madrid, llegando al hotel a las 6 y pico de la mañana y sin poder acceder a la habitación, teníamos todo el día por delante y ganas de sumergirnos en la cultura peruana.  



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Iglesia de La Merced


Lo primero era ver cómo llegar al centro histórico (Lima Cuadrada) sin quedar atrapados en los famosos atascos de la capital, aunque en realidad era sábado y por tanto no había que temerlos tanto. 

Enseguida averiguamos que se puede ir muy fácilmente en Metropolitano, que es una especie de Metro, pero en superficie. Circula por su propio carril en el centro de una autovía tipo M30 o M40, así como en las calles cuando se adentra en la ciudad. La línea que comunica Miraflores con las cercanías de la Plaza Mayor es la Línea C. 
Hay que comprar una tarjeta para poder acceder a los "andenes", que cuesta 4,5 soles (agosto 2014), y a partir de ahí recargas el dinero que quieres o prevés gastar (2 soles por trayecto, unos 0,60 €). 
Lo bueno es que no son tarjetas nominales, así que con una sola puedes recargar para varios billetes y entrar varias personas. 
Eso sí, en las horas punta los "metros" van realmente llenos pero... nada que no sepamos los que vivimos en ciudades grandes, y de paso puedes entablar conversación con la gente que te rodea. Realmente me pareció muy cómodo y eficaz :)

Otras opciones son el taxi (a negociar antes de subir, informando de tu destino), y también autobuses que van por las mismas rutas que los coches, y que seguramente tarden más tiempo por los desvíos y paradas que van haciendo, aparte del tráfico. 


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Y... llegamos al centro histórico, dirigiéndonos enseguida a la Plaza Mayor de Lima, antes Plaza de Armas, la primera de este viaje pues todas las ciudades tienen una "plaza de armas", aunque en algunas como la de la propia capital ya no se llaman así oficialmente.

Las dimensiones son bastante grandes pero no tanto como para sorprenderte si pensamos en el tamaño de la ciudad. 

Es bonita, no digo que no, pero bajo el manto de los nubarrones se veía un pelín deslucida... 

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Encontré también que estaba muy muy tranquila. Yo me esperaba más bullicio, más vidilla, más tipismo, pero quizá por ser sábado y bien temprano, estaba prácticamente vacía. 

Lo que había era mucha policía, algunos con escudos antidisturbios, cascos y demás "aperos", si bien en actitud relajada estaban apoyados en los muros de una de las esquinas de la plaza. 
Quizá estuviera prevista alguna manifestación porque en este mes de agosto los médicos y profesionales de la Sanidad andaban protestando por recortes y cierres de hospitales... ¿os suena? a mi sí. 

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Dos de sus flancos están jalonados por arcadas que pueden dar cobijo de la lluvia o del sol. Sobre ellos, fachadas de color amarillo y grandes balcones coloniales de madera muy oscura y ricamente labrados. 
Los otros dos lados de la plaza están ocupados por los principales edificios de la ciudad, la Catedral y el Palacio Presidencial o Casa de Pizarro, en el que a media mañana se realiza un cambio de guardia muy historiado, con banda de música y todo. 

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El centro de la plaza está ocupado por un parquecillo con una gran fuente y algunos bancos en los que sentarse a ver "la vida" pasar. 
Allí, cuentan, Pizarro clavó su espada en 1535 y puso la primera piedra de la que él llamó "Ciudad de los Reyes". 

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Pizarro escogió este lugar por razones obvias: la comunicación por mar facilitaría los viajes a España. Además éste era un valle fértil, en el que los Marangas habían establecido sus cultivos aprovechando los ríos que allí desembocan. Un oasis en la costa desértica del Perú. 
Lo que no sabía Pizarro es que el invierno es largo, y que los movimientos tectónicos son el pan de cada día. 

Hablando de terremotos... un "detalle" que me llamó la atención fue encontrar carteles con una S grande señalando los espacios seguros en caso de sismo. Al principio veía alguno que otro en las columnas de las iglesias, pero poco a poco me di cuenta que estaban en muchísimos lugares, prácticamente en todos (restaurantes, hoteles, tiendas, etc.). Tranquilizador! 


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Nos acercamos a la primera atracción, la Catedral, y nos enteramos que la entrada cuesta 10 soles + 30 soles el museo, además de tener que esperar a las 10 de la mañana que es cuando abrían. Mmm... algo nos dijo que no nos apetecía pagar casi 17 € a la Iglesia, que al fin y al cabo es la receptora, pero lo dejamos en suspenso para cuando volviéramos a pasar por allí a las horas en que estaba abierta a las visitas (ya os adelanto que desistimos, así que no os puedo contar de las tumbas de la familia Pizarro, que es uno de los principales reclamos del interior). 

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Café Cordano, junto a la Casa de la Literatura  


Después de estudiar el mapa y las posibilidades del centro, decidimos encaminarnos hacia el Convento de San Francisco, el que alberga una gran colección de huesos y monjes en las catacumbas que funcionaron hasta el s. XIX.

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Yo recordaba mi visita a las Catacumbas de los Capuccinos en Palermo, que fue alucinante, y tenía claro que esta sí era una visita que quería hacer. 
Está a un par de cuadras de la plaza, girando a la derecha desde la Casa de la Literatura, antigua estación de tren, por un par de calles peatonales.  


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Iglesia del convento de San Francisco


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Cuando llegamos nos encontramos con que la entrada a la iglesia es gratuita, pero no al convento y las catacumbas, que cuesta 7 Soles (sin derecho a fotos). 
Decidí claudicar y entrar por esa expectativa que llevaba en mi cabeza, junto con uno de mis compañeros. Una hora de visita nos llevó por las distintas estancias y los corredores alrededor del claustro principal. 

La visita se tiene que hacer guiada en alguno de los grupos que se van formando cada poco tiempo, alternándose en varios idiomas. Nos tocó escuchar las explicaciones en inglés, lo que no deja de ser irónico cuando estás en un país con tu misma lengua, je, je, pero por no esperar y de paso practicar el English... ;P  

Hacia el final de la misma, nos bajaron a las catacumbas donde hay un montón de "depósitos" de huesos, ordenados por tipo. No es lo que me esperaba, pero la visita global es muy interesante, destacando la antigua Biblioteca.


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"Robado" de las catacumbas, para que os hagáis una idea ;)
  

Continuamos nuestro paseo por el centro, y esta vez ya deambulando sin rumbo fijo, a ver qué nos íbamos encontrando. Esto era en realidad lo que más me apetecía hacer porque es lo que el cuerpo pide el primer día en una gran ciudad, y en un gran país.


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Guardia del Palacio Presidencial



Sin embargo, enseguida nos encontramos con el Convento de Santo Domingo de Lima. De nuevo había que pagar entrada excepto para visitar la iglesia, que es lo que hicimos. 
De la orden de los dominicos era el confesor de Pizarro (tendría mucho trabajo con este cliente...). Entre otros datos curiosos, en el convento está enterrada Santa Rosa de Lima, la patrona de América ni más ni menos, y junto a su cráneo, exhibido en la misma Iglesia, el de San Martin de Porres, que nació en Lima y era un mulato patrón de los barberos y de los bomberos. 

 
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Más tarde decidimos ir al Mercado Central, a unos 10-15 minutos andando desde la Plaza Mayor. Allí sí había gente, y bullicio, y vida en la calle!! 

Un tipo nos dijo "no sigan más allá" al cruzarse con nosotros. No sé si era una advertencia por el potencial peligro de carteristas, o qué. Yo llevaba la cámara réflex colgada del cuello pero bien agarrada, y decidí guardarla en su funda por un rato. 

La verdad es que en ningún momento vimos ningún movimiento sospechoso, pero no era la primera vez que un limeño nos advertía de ello así que mejor no bajar mucho la guardia.  

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Uno de los datos que más me han sorprendido leyendo después sobre esta zona, es que en el centro de Lima hay más de un millón y medio de vendedores (se dice pronto!) agrupados en el Fedeval, un sindicato que defiende sus intereses contra la municipalidad. No sé si el mismo sindicato, o anterior a su formación, el caso es que las iniciativas de prohibir la venta ambulante se han visto siempre frustradas. Esta actividad es el medio de subsistencia de mucha gente. 



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El Mercado Central es una zona que abarca varias cuadras organizadas por tipos de comercio. Por ejemplo, estuvimos andando por la zona de tiendas de productos para fiestas (cumpleaños, la fiesta de los 15 años, etc., etc.) que abarcan desde los típicos globos y espumillones de brillantes colores, hasta trajes imposibles.

Las mismas calles desembocan en el Barrio Chino, que también andamos un poco y como todos los barrios chinos tiene su puerta tipo pagoda. 

No hay que olvidar que la colonia china del Perú se remonta a mediados del siglo XIX, cuando los hacendados de la costa decidieron "importar" una mano de obra barata y más dócil que los andinos para las plantaciones de azúcar y la explotación del guano (excrementos de aves). Traídos como esclavos, también representan el paso al estatus de ciudadanos libres, ya entrando el s. XX. 
Una gran pecualiaridad de esta población es su adaptación e integración en la cultura peruana. De hecho, muchos hablan quechua además de español, y sus propios dialectos (la mayoría, cantonés). 

En toda la zona hay un montón de restaurantes chinos que allí llaman chifas, en los que comer auténticas sopas de fideos y platos de tallarines, además de platos que fusionan la tradición de ambas orillas del Pacífico. 
Esta fue nuestra elección para comer ese día, así que por 12 soles incluyendo bebida (menos de 4€) nos apretamos un menú completo y de raciones enormes. Fue nuestra primera aproximación a los gustos del país en cuanto a cantidades!! :)



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De postre, qué mejor que fijarse en lo que venden en el mercado y probar frutas completamente nuevas para mi, como el pacai. 


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Fruta llamada "pacai", muy dulce y fresca aunque con poca carne (se come la parte blanca que cubre la semilla). Una vaina = 1 sol (te da para picotear bastante)





Finalmente, decidimos volver a Miraflores porque el cansancio ya hacía acto de presencia, y tras el paseo ya citado por el Parque del Amor y alrededores, acabamos cenando en uno de esos lugares que te alegras de haber descubierto (volvimos sin dudarlo en la siguiente ocasión): La Lucha

Es una "sanguichería" y sí, lo que venden son bocatas... deliciosos bocatas peruanos, en un ambiente moderno, ecléctico, joven y agradable, y a unos precios bastante asequibles. Además en las pizarras que decoran el lugar anuncian que la carne y papas que utilizan proceden de lugares cercanos. De hecho, el local está lleno de mensajes que hablan de valores, o cantan las alabanzas de la papa, del Perú...  junto con fotografías antiguas. 
Entre 4 y 5 € podéis comer bocata, patatas con salsas y cerveza (tercio).  


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Aún recuerdo su especialidad "La Lucha", un bocadillo de lomo y queso peruano muy rico... y "El Preferido" que me gustó más aún, hecho con ternera guisada (con su salsa y todo), queso y palta (ahuacate). Aunque si tenéis mucho hambre, no dudéis en pedir el Sandwich Club! Por cierto, la atención y servicio impecables. De verdad, lo recomiendo al 100% si os apetece comer en este plan y andáis por allí :)

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Y éste fue el primer día en Lima. El día siguiente comenzaba muy temprano para viajar a la región de Huaraz, de la que tenía muy pocas referencias y sólo por eso muchas ganas de conocer ;)
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