16 de junio de 2013

Blue Lagoon, el placer en Islandia

Ubicación: Blue Lagoon, Islandia
Éste último post sobre la pequeña-gran escapada por Islandia no podía ser otro que éste. Nuestras últimas horas en la isla las dedicaríamos al Placer, con mayúsculas :)

Después de una noche más bien corta, habiéndome acostado a las 2.00 a.m. por intentar ver auroras boreales, despertándome a las 5.00 a.m. por la cantidad de luz que entraba por la ventana, y levantándome a eso de las 7 y pico... decidí darme una vueltecita por la calle, porque la mañana estaba preciosa, soleada y limpia. 

Observé a los pajarillos que ya me habían llamado la atención esos días, y que son como los gorriones de nuestras ciudades pero doblando o triplicando su tamaño, y quizá con alguna pluma roja de más :)... y contemplé a Reykjavik en el horizonte, despidiéndome mentalmente de ella. 


Tras al desayuno y el check-out del hotel, nos fuimos a un nuevo destino, apurando las horas antes del vuelo para España: la Laguna Azul, o Blue Lagoon, o magnífico spa de aguas a 38ºC y barros llenos de minerales que dicen son muy buenos para la piel 

El camino transcurrió entre campos de lava que se pierden en el horizonte y puertos construidos entre la roca volcánica con sus barcos amarrados. De nuevo un placer ver el paisaje digno de Julio Verne (de hecho, en Islandia sitúa la entrada al "centro de la tierra"). 


Y llegamos!!! A las 10 h abren las puertas. 
Blue Lagoon es un sitio muy famoso, al que acuden todos los turistas y también nacionales, y está  perfectamente organizado, componiéndose de balneario, restaurante, hotel y tienda
Los vestuarios, las duchas, las taquillas, etc., están perfectamente limpios y preparados para los visitantes. Ah! un buen detalle: hay secador de pelo. Parece una tontería, pero en nuestro caso la temperatura de ése día era de unos 5ºC, así que salir con el pelo mojado de allí... en fin. 
Además, gozando de la seguridad que hay en este país, se puede pasar al lago con las cámaras fotográficas para inmortalizar el lugar, mientras se disfruta del baño. 


La laguna está situada en medio de un gran campo de lava, junto a la central geotérmica de Svartsengi. No, no es una central contaminante sino todo lo contrario. Genera energía limpia aprovechando la actividad del subsuelo y de paso, parte de su agua se aprovecha para alimentar a la Laguna Azul. 
No son, por tanto, piscinas naturales, pero esto no le resta encanto a la experiencia. 


También se puede pasear por los alrededores y ver algunas lagunas anexas sin necesidad de entrar, si no os va el tema del baño :)

Cuando salí del vestuario ya había gente en el agua, pero la verdad es que el sitio es más grande de lo que parece y en ningún momento sentí que estuviera masificado o algo así. 


Dejando la cámara protegida con la toalla, y las chanclas al pie de la escalerilla... al agua patos!! 
Un agua entre azul y blanca, turquesa, de color muy intenso y en la que se reflejaba el sol como si fuera nieve. Menos mal, porque hacía de espejo y la temperatura exterior se llevaba muy bien, e incluso se agradecía un poco el "fresquito" de los 5º contrastando con los 38º del agua ;)


Cerca de las orillas las rocas pueden traicionar nuestros pasos, así que cuidadín... yo me caí un par de veces :S, pero ahí es de donde mejor se coge el barro que se puede aplicar como mascarilla a la cara. 

Aquí me tenéis, feliz como una perdiz, con la mascarilla y todo ;)


Para los caprichosos y "de bolsillo flojo", hay una barra de bar donde tomarse una cerveza mientras se disfruta, o un cocktail, al más puro estilo ¿caribeño? ;D. 
Por eso te ponen una pulsera en la que se te cargarán estos gastos para que pagues a la salida. Así que no, no hay que llevar el monedero encima, je, je. 


Yo pasé del tema, porque lo que sí quería hacer era comprar alguna de las cremas que se fabrican allí mismo, con los minerales de la laguna. Éste es el mejor lugar para comprarlos junto con la tienda que hay en el aeropuerto. Para que os hagáis una idea: crema hidratante 200 ml. = 24 € (es muy buena, así que creo que es un precio razonable). Recordad que se devuelven los impuestos (25% de IVA en Mayo de 2013) en el aeropuerto por las compras superiores a 50€, incluso reintegrándolo en la tarjeta (si lo queréis en efectivo, os lo darán en coronas islandesas). 



A propósito de este bañito y pensando en las saludables propiedades de estas aguas, deciros que... no desesperéis si resulta demasiado caro. En Reykjavik hay piscinas públicas, en muchos hoteles (si no todos) incluyen piscinas-spa con aguas como éstas, y el agua de la ducha, a pesar de su olor a azufre, es buenísima para la piel. Vamos, que queráis o no vais a volver "niquelaos" :D



Después de comer en una localidad pesquera cercana, de la que no nos dio tiempo a ver nada, nos fuimos al aeropuerto... Ahora sí, un verdadero placer conocer aunque sea una pequeña porción de la tierra del fuego y el hielo. 
Me he quedado con ganas de mucho más, así que digo: ¡hasta la próxima Islandia! 



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10 de junio de 2013

Reykjavik, esa ciudad

Ubicación: Reikiavik, Islandia
Bueno, ya tocaba hablar de la capital de Islandia, ¿no? 
Más utilizada como entrada y salida a la isla que otra cosa, a no ser que os hagáis una escapadita de un par de días... Creo que quizá es un trato un poco injusto el que le damos, pero es cierto que hay tantas maravillas tan cerca que es casi inevitable. 



Sin embargo, lo primero que quiero decir es que Reykjavik me transmitió muy buenas sensaciones, y quizá en un futuro viaje le dedique algo más de tiempo. 



Se trata de una ciudad tranquila, un poco "fantasma" a ratos, es decir, que puedes andar por el centro sin cruzarte con nadie... supongo que por el clima.
Y sin embargo, el arte callejero está en todas partes. Graffitis de lo más artísticos, un banco de la calle pintado de vivos colores, toda una fachada llena de fotos recortadas de revistas o impresas de forma casera, una exposición de fotografía en un parque, etc. 





Además, sus casas lucen tejados o fachadas de colores. No me extraña, porque revisando las fotos encontré algunas blancas y... realmente sería muy triste si toda la ciudad fuera así, porque habría muchas ocasiones en que no se distinguiría del cielo nuboso. 


Edificios que, por cierto, están hechos o revestidos con una especie de chapa ondulada, creo que de hierro, que les da un aire entre precario-cutre y underground, je, je. 



A diferencia de otros países, éste ha sido el primero y principal asentamiento humano de Islandia. 

Ingólfur Arnarson, el primer colono, le puso su nombre. Reykjavik significa "bahía humeante"... y es que el vapor brotaba de sus grietas geotérmicas. Hoy en día hay numerosas piscinas públicas donde disfrutar de estas aguas y a un precio bastante asequible así que si tenéis tiempo no lo dudéis!! 




Junto al lago Törjin, donde los cisnes y otros patos nadan a sus anchas, dicho colono construyó su vivienda. 



La capital concentra un tercio de la población de toda la isla, y sin embargo es como un gran pueblo. Claro, un tercio de la población islandesa son... 100 y pico mil habitantes. 

El puerto es hoy presidido por el edificio Harpa, que nos dejó casi sin habla cuando entramos a visitarlo. 



Precisamente la semana anterior había sido galardonado con el premio Van Der Roher 2013 (algo así como el "Nobel" de la arquitectura). 

Es el Auditorio y Palacio de Congresos de Reykjavik, y está abierto al público siempre (es gratuito). Cuando estalló la crisis en 2008 las obras se paralizaron, pero al final se decidió seguir adelante porque es un centro cultural que pretendía ser (y espero que lo haya conseguido) referente para todos los ciudadanos islandeses. 




En Islandia, señores, se valora muchísimo la cultura y el ROI (retorno de la inversión) que ésta puede aportar a la sociedad. Así que se decidió seguir adelante, y nosotros pudimos comprobar que sigue en uso. De hecho, cuando nos dimos una vuelta por allí, un sábado por la tarde, había un concierto y gente que iba y venía vestida de fiesta, mientras otros lo hacían de manera más deportiva o de calle.  



También en el puerto, y prácticamente enfrente del Harpa, está el famoso puesto de perritos calientes Baejarins bestu. Dicen que son los mejores de la ciudad y que ... ¿Clinton? paró allí a comerse uno. 


Dómkirkja

Otro punto de interés es la catedral luterana Dómkirkja. Llegamos cuando estaba empezando un servicio religioso, y el propio pastor (bueno, iba vestido muy sencillo pero igual era obispo o algo así!) estaba en la puerta saludando a los feligreses. Como en las pelis, je, je. En un momento dado nos hizo un gesto un poco raro y cerró las puertas a cal y canto!. Menos mal que ya habíamos salido. 



Por supuesto, destacando por encima de todos los edificios de Reykjavik se halla la iglesia (también luterana) de Hallgrímur




Lleva el nombre de un famoso poeta islandés y es la más grande del país. 



Por 5 € podéis subir a la parte más alta de la torre y divisar toda la ciudad desde los ventanucos abiertos al frío y cristalino aire... Por cierto, nos dimos cuenta de que el ticket se paga dentro, el ascensor se coge fuera  y no hay nadie controlando los pases -ni arriba ni abajo- aunque como no lo sabíamos, pagamos religiosamente... y el resto de gente también. Una muestra de la seguridad y confianza en la gente. 




El edificio es de los años 60-70 y en su día parece ser que causó mucha polémica. Hombre, bonito no es, a pesar de que imite a las columnas basálticas de los acantilados volcánicos de la isla... Pero lo que suele pasar con estas cosas (en su día con el Pirulí de Madrid, por ejemplo), que ya es todo un símbolo de la ciudad. 



Frente a la puerta principal, el hijo de Erik el Rojo, de quien se dice que fue el primer explorador occidental -vikingo- que llegó a las costas de América (500 años antes que Cristóbal Colón), alza su mirada al cielo.



Y de nuevo, os recomiendo un buen paseo por las calles de Reykjavik (si hay que elegir, desde luego), llenas de rincones curiosos, bohemios, diferentes...  





Homenaje a los vikingos


Por cierto, era nuestra última noche ésta... Esperada con ansia porque las previsiones del tiempo daban cielos despejados, nos pretrechamos de nuevo para salir al frío polar y "cazar" auroras boreales. 
Decidimos irnos a dos pasos del hotel, junto a la "Perla" otro edificio símbolo de Reykjavik y que queda a las afueras de la ciudad. 
En la colina donde está dicho edificio rodeado de un bosque de abetos y con muchos caminos entre los árboles, buscamos un claro donde plantar nuestros trípodes y cámaras, más bien a tientas.

Esperamos y esperamos. Fotografiamos el cielo que no terminaba de oscurecerse, que se quedaba en esa eterna "hora azul", a las nubes que iban y venían, alguien encontró una liebre agazapada en la oscuridad y... no, no hubo suerte con las auroras boreales.

Pero de nuevo, a la vuelta, alguien encontró un atisbo de aurora en una esquinita de una de sus fotos. Era el ángulo al que no apuntábamos la mayoría por estar demasiado iluminado por el pequeño aeropuerto local que hay al lado, así que de nuevo fallamos... 
Eso sí, nos reímos mucho y el frío no pudo con nosotros, je, je. 


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5 de junio de 2013

Del hielo al mar: búsqueda de ballenas en Islandia

Ubicación: Reikiavik, Islandia
Volvíamos ya a Reykjavik
Nos quedaba un día y medio en esta tierra alucinante y, un poco somnolientos y circunspectos, avanzábamos por la carretera. 
De repente nos vimos envueltos en blanco. 

Así como lo cuento. Parecía que la carretera había desaparecido, y a ambos lados todo estaba cubierto de nieve y hielo. Incluso el cielo estaba absolutamente blanco y parecía fusionarse con la tierra... Un mundo imposible, un desierto de hielo, una tierra que parecía salida de una novela o de una historia de expediciones en el Círculo Polar, qué sé yo, pero era alucinante y estremecedor. 
Poco a poco fuimos saliendo de nuestro estupor mientras contemplábamos el espectáculo, aunque hablábamos en voz bajita, con respeto. 
Se nos ocurrió que estaría muy bien parar y hacer unas fotos, pero para cuando reaccionamos el descenso había comenzado, y además no estábamos seguros de que se pudiera parar (o fuera aconsejable hacerlo) en ése lugar. 

Foto hecha y cedida por: Antonia Martínez (mi madre)

No obstante, paramos un poco después en otro lugar que se reveló también muy interesante. Un edificio cerrado, un hotel que aún no ha abierto sus puertas por cosas del clima, estaba rodeado de tierras en las que los barros hacían chu-chup por doquier. Tierras de colores amarillos, rojos, grises, blancos... Y ésta es una de las principales sensaciones que me llevo de Islandia: sales del camino y te encuentras con la fuerza de la Tierra en dos patadas. Simplemente maravilloso. 



Después, seguimos rumbo hacia la capital. Nos esperaba uno de los hitos del viaje, al menos para mi... Una salida en barco para avistar ballenas. 

El día iba mejorando por momentos, aunque seguía bastante nublado y frío. Después de dar una rápida vuelta por la capital, de la que hablaré en el siguiente post, fuimos al puerto. Allí hay varias agencias que ofrecen estas excursiones, de 2-3 horas, seguramente bastante caras (lo siento pero no os puedo dar orientación al respecto, pues lo teníamos incluido en nuestro viaje), pero se trata de toda una experiencia, así que os recomiendo valorarla. 
Eso sí, el éxito no está asegurado al 100%, ni mucho menos. ¿Quién puede controlar los movimientos de las ballenas, el hecho de que decidan salir y mostrarse a nuestra vista?... 


La experiencia empezó de manera divertida y un poco agobiante, je, je... Nos habían dicho que nos iban a dar unos monos o trajes de cuerpo entero con los que combatir el viento frío que soplaría con el barco en movimiento. Después de llegar y preguntar, una vez ya en marcha, así fue. Bajamos a la bodega y de una manera un tanto caótica nos hicimos con un mono de ésos y procedimos a ponérnoslos, encima de toda la ropa que llevábamos ya, claro. 

Ya encajada en el mono de "capitán pescanova", je, je, ¡como para no posar!

Ja, ja, yo me empeñé en no quitarme las botas y... con la segunda pierna ya no pude, lógico!! Así que ya sabéis, os tenéis que descalzar. Si además alguien os ayuda a subiros la prenda para meter los brazos, mejor que mejor porque son unos trajes muy pesados y algo rígidos. 
Los primeros pasos eran como si estuviéramos en la luna con nuestros trajes de astronauta, ji, ji... y con el barco a toda marcha. 

Por fin salí a cubierta y descubrí el panorama de la costa, con Reykjavik y las montañas al fondo. 

Reykjavik desde el mar

...y en breve llegó una sorpresita con la que no contaba. 
Nos acercaron a un islote donde anidan... los frailecillos!!! Ahí estaban, a unos 300 m., diminutos, nadando en el agua, "tomando el sol" en el promontorio de tierra y hierba, volando a ras del agua y compartiendo terreno con los cormoranes y las gaviotas. Precioso!! 

Atención al centro-derecha de la foto, donde un frailecillo vuela a gran velocidad. Parece un espíritu, je, je


Bueno, las fotos no son muy allá, porque con mi objetivo 105 mm. poco podía hacer. Aun así, he ampliado lo que he podido y al menos os podéis hacer una idea ;)


Colonia de frailecillos frente a Reykjavik

Después de un ratito frente a este islote y las magníficas montañas (volcanes) que lo vigilan, seguimos mar adentro. 



Desde la megafonía del barco nos explicaron el código a seguir para que, en caso de ver ballenas o cetáceos, los localizáramos fácilmente. Mirando hacia delante (¿proa? soy una ignorante en la mar), nos indicarían las horas del reloj: a las 12, a las 11, a las 3... sólo tendríamos que dirigir nuestra mirada hacia ése lado. Práctico ¿no? 


Al cabo de un buen rato aparecieron los primeros delfines!! Son los llamados "delfines de pico blanco". Con al menos una gran mancha blanca en su cuerpo, llegan a pesar entre 180 y 275 Kg, y miden entre 2,5 y 2,8 metros. Me refiero a los adultos, claro. No todos tienen el "pico" blanco, pero mira tú por dónde que éstos sí!! :) 


Al final fue "lo más grande" que vimos, porque las ballenas... pues no. Parece que había una por allí, pero no se dignó a salir a la superficie -no se lo reprocho, eh? debía de tener pánico escénico porque éramos 2 barcos tratando de verla!-. 
No tuvimos suerte, una pena. Dicen que en los fiordos del norte es mucho más fácil verlas. Aquí dejo el apunte. 

A pesar de este "fallo", me quedo con toda la excursión, las luces en el mar, con el sol atravesando las nubes de vez en cuando y bañándolo de color plata... con las gaviotas, los delfines y mis queridos frailecillos, y con las risas a propósito de los trajes de "capitán pescanova". 





Otra gran experiencia en esta corta visita a Islandia. ¡Tengo que volver!!! 
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