13 de mayo de 2013

Islandia: fotografiando auroras boreales

Ubicación: Pingvellir National Park, Thingvellir National Park, Islandia
Llevo un tiempo sin publicar nada, pero es que he estado de viaje, je, je... 
Bueno, como anuncié y algunos habrán seguido en mi cuenta de Twitter y Facebook, he hecho un viaje relámpago a Islandia en el puente del 1 de Mayo con el "gran" objetivo de tratar de ver y fotografiar las famosas auroras boreales, un sueño que tengo desde hace tiempo gracias a las fotografías que se pueden disfrutar en Internet y en numerosas publicaciones y exposiciones. 

Otro día os cuento algo más de esta afortunadísima decisión y viaje, que hice en compañía de un grupo de socios de la Agrupación Astronómica de Madrid (AAM) y amigos y familiares de los susodichos, entre los que me encuentro. 

A lo que iba!! 
Antes de ir, comentando con otras gentes, y también buscando información en Internet, me encontré con expresiones y creencias del tipo: "ya no es época de ver auroras boreales". 

Pues bien amiguitos, las auroras boreales no tienen una época como las setas o la fruta, no. 
A ver si me explico bien:  


  • La formación de auroras depende de la actividad que sucede en el sol, lo que en la Tierra llamamos "tormentas solares". Nuestra estrella sufre explosiones y lanza llamaradas inmensas que a su vez proyectan enormes cantidades de partículas solares al espacio. 
  • La actividad del sol no depende de nuestras estaciones climáticas, ni nada parecido. Lo que se sabe es que hay periodos de más o menos actividad, y en éste año 2013 (y el año pasado) se está produciendo uno de esos periodos. 
  • Dos o tres días después de que se haya producido una de esas explosiones o llamaradas, parte del polvo solar llega a nuestra atmósfera y es capaz de traspasar el campo magnético que protege a nuestro planeta. 
  • Las partículas son atraídas hacia los polos de la Tierra (las zonas con más cantidad de magnetismo), y ahí interactúan con las altas capas de la atmósfera (a unos 100 Km por encima de nosotros). La energía que se libera da pie a las auroras boreales. 
  • Si es de noche o hay suficiente oscuridad, y el cielo está despejado... se puede ver en directo ése momento en el que el polvo solar termina por convertirse en energía en dichas capas altas. Por eso se mueven y cambian constantemente, y su duración e intensidad es imprevisible!! (así como su situación en el cielo). 

Espero que haya quedado clara la ecuación:  ¿hay actividad solar? ¿hay noche? ¿no hay nubes? = se pueden ver auroras boreales. 

La primera pregunta es básica, claro. Es cierto que en el Círculo Polar desde primavera hasta el otoño las horas nocturnas son escasas o nulas, pero afirmaciones como la que me he encontrado en Wikipedia nada más empezar a leer sobre "Aurora boreal", no son ciertas: "la aurora boreal es visible de septiembre a marzo". 
Pues yo las he visto en Mayo. Y si un año no hay actividad solar, ni en Enero, ni en Febrero se verían. Paso a contar mi experiencia... 

Íbamos convencidos de que al menos tendríamos unas 3 horas de noche cerrada, siendo principios de Mayo y estando en Islandia (no tan al norte como otros puntos). 
Pero no, cielos oscuros como los entendemos aquí ya no hay a estas alturas del año. El sol se pone hacia las 22.00 h (cada día unos minutos más tarde), y sale hacia las 3.30 a.m., pero en ése intervalo el cielo queda en una estupenda y maravillosa "hora azul", que tanto gusta a los fotógrafos. 


Atardecer en Reykjavik, a las 21.36 h. Las últimas nubes se van disolviendo poco a poco

No lo sabíamos hasta que lo experimentamos, y precisamente la primera noche se presentaba ideal en cuanto a cielo despejado, así que no nos lo pensamos dos veces y contratamos un autobús para que nos llevara lejos de Reykjavik, a 10€ por persona. 
Nos desplazamos a 35-40 minutos de distancia por carretera, justo donde comienza el Parque Nacional de Pingvellir. 
Esto fue una elección de la propia compañía de autobuses, muy acostumbrados a éste tipo de salidas. Las condiciones eran: salida a las 23 h y vuelta a las 2.00 a.m. 
Si vemos auroras, genial, y sino, pues nada... 
Por cierto, que nos dijeron que las previsiones eran bajas o nulas. 
Ah! y esto me recuerda que os quería dejar por aquí los enlaces a los sitios donde se pueden consultar las previsiones de auroras boreales: 

Aurora Forecast (hacen previsión desde Alaska para todo el mundo, así que seleccionando el mapa de dónde estáis, podréis ver la previsión). 

Icelandic Met Office - el servicio metereológico islandés, que entre otros apartados tiene el de la previsión de auroras. 

Ojo, las previsiones cambian cada 6 horas aproximadamente, así que no hay que dejar de actualizar la consulta, especialmente antes de salir a intentar verlas. 


F/3,5 18 mm. ISO 800, 3" de exposición

Llegamos al lugar y nos encontramos con un magnífico escenario que parecía sacado de otro planeta... un gran campo semihelado, lleno de pequeños "chortens" o montículos hechos con piedras apiladas, que no sé si son una tradición turística o qué, pero sí es cierto que algún golpe y tropiezo nos dimos con ellos. 
Un gran lago se extendía a la derecha de la carretera, y unas imponentes montañas nevadas en el horizonte. Realmente espectacular. 

Espectacular era también el frío, aunque tuvimos mucha suerte porque no hacía viento. 
Enseguida nos pusimos a montar los equipos: trípodes y cámaras. 
Ésta era mi primera salida nocturna con la cámara réflex, y sin tener ni pajolera idea de hacer fotos al cielo, así que os lo cuento aquí por si en un próximo viaje os encontráis en estas circunstancias. Afortunadamente, mis compañeros de expedición eran inmejorables en esto! (y no sólo)  ;)



Empezamos la espera, mirando el cielo atentamente, y sin saber muy bien cómo serían las auroras, en caso de que aparecieran... porque lo que sí sabíamos es que las cámaras captan de manera distinta lo que nuestros ojos ven. Nosotros no podemos apreciar el color de muchos fenómenos astronómicos (la cola de un cometa, algunas estrellas, las nebulosas...) pero ahí están, y las cámaras sí son capaces de hacerlo. 
Además, las fotografías que se publican están procesadas, en muchos casos incluyendo colores inexistentes o muy difíciles de encontrar como son el rojo y el morado en el caso de las auroras. 
De todas formas, no todos éramos novatos en esto de  encontrar auroras (menos mal). 



Cuando ya casi desesperábamos, estábamos hartos de fotografiar el paisaje lunar que nos rodeaba y a nosotros mismos, y el frío nos hacía creer que en breve se caerían parte de nuestras extremidades al suelo... Alguien dijo "ahí, ahí"!! Otro alguien hizo una o dos fotografías y en la pantalla de la cámara aparecieron franjas verdes en medio del cielo. OOhhhh!!! 

Aurora Boreal a las 1.01 a.m.
F/3,5 18 mm., ISO 1600, 5" exposic.

A partir de ahí, la cosa fue paulatinamente a más. Bandas de color grisáceo (desde la visión humana) aparecían y desaparecían, se curvaban, se abrían en abanico, recorrían la curva del cielo de cabo a rabo, dibujaban un círculo... Y así durante una hora y media, hasta que llegó la hora prevista de salida. Snif. 

Aurora Boreal a las 1.06 a.m.
F/3,5 18 mm ISO 1600 4" exposic.

Aurora Boreal a las 1.28 a.m.
F/3,5 18 mm ISO 1600 1,6" exposic.

Aurora Boreal a las 1.24 a.m.
F/3,5 18 mm ISO 1600 1,6" exposic.

Aurora Boreal a las 1.36 a.m.
F/3,5 18 mm ISO 1600 6" exposic

No sabemos si aún fueron a más o se extinguieron lentamente. Pero fue una hora y media preciosas,  en la que se estableció una dinámica curiosa y que yo personalmente no me imaginaba: cada fotografía revisada allí mismo nos permitía ubicar mejor nuestra mirada y admirar y emocionarnos con ése espectáculo a dos bandas: el directo y el diferido de la cámara. 


Aurora Boreal en su esplendor 1.31 a.m.
F/3,5 18 mm., ISO 1600, 6 seg. exposición

Habrá que repetir, en un mes más propicio (con noches más oscuras) y siempre y cuando haya actividad solar, la que genera este fenómeno natural que es una maravilla. 

Hasta entonces, habrá que disfrutar de las fotografías conseguidas, de las que estoy muy orgullosa :)

Os dejo también el enlace que resume un timelapse de 2 minutos realizado por Jaime Izquierdo, de la AAM, y que espero que os guste porque es precioso!! 

Time-lapse aurora en Islandia

Y ahora (quien quiera saltarse esta parte del post, es libre de hacerlo, je, je), como os decía, os voy a explicar mi experiencia o consejos con respecto a la fotografía de un fenómeno como éste. Humildemente, que yo estoy aprendiendo, pero precisamente por esto seguro que hay más gente como yo por aquí! ;)

Cámara réflex y trípode son básicos.  
En mi caso, yo llevo (y las fotografías que ilustran este artículo están realizadas con ella) una Nikon D5100, con objetivo 18-105 mm. 

Con respecto a la composición se podría decir muchas cosas y aun así los gustos son muy variados, pero a mi me gusta tener un referente terrestre que sirva de contraste con el cielo, aunque sea el horizonte. Como veréis en algunas de estas fotos, si de vez en cuando pasa un coche porque estáis al lado de una carretera, tampoco queda mal la estela de los faros... 
Por otro lado, cuanto más angular tengáis para abarcar más cielo, mejor. 


Aurora Boreal a las 1.40 a.m.
F/3,5 18 mm., ISO 1600, 13 seg. de exposición

Y a partir de ahí: 

La cámara hay que ponerla en el modo Manual, y el enfoque también en Manual. Sí... ésta es la parte que más me costó. Realmente me costó. 
No se puede enfocar automáticamente porque la cámara no tiene ningún referente de luz y contraste suficientemente grande. Hablo de paisaje y cielo, claro. Pero nuestros ojos tampoco tienen un referente de ése calibre. Hay que buscarlo!! ¿cómo?

Apuntemos con la cámara hacia algún punto de referencia: una estrella particularmente brillante, una luz lejana, el contorno de un árbol. Si es posible, desplegad el teleobjetivo para acercarlo, y entonces moviendo el foco tendréis que encontrar el punto más enfocado posible. Luego hay que recoger el tele sin que se mueva el enfoque elegido, claro, y... ya está. 

Ahora pasamos a la exposición y la ISO. Aquí no hay mucho misterio, sólo saber que la ISO ha de ser alta. En las condiciones de luz en las que estábamos, empezamos probando con ISO 800 pero al final nos quedamos la mayor parte del tiempo con ISO 1600. No sé si con una noche más oscura habría que haberla subido. Lo mejor es ir probando, revisando en la pantalla de la cámara, y en cualquier caso hacer varias fotos con diferentes ISO (lo mismo para el tiempo de exposición), hasta que podáis verlo en el ordenador. 


Aurora Boreal a las 1.27 a.m.
F/3,5 18 mm., ISO 1600, 8 seg. exposición

Tiempo de exposición: pues probé con 1,6", con 3", con 5", con 6", con 8", 10" y hasta 13". Las que más me gustan son las de las exposiciones más largas (8-13"), e insisto en que si la noche hubiera sido más oscura, quizá habría necesitado mayores exposiciones, o no habría hecho las de tiempos bajos. 

Si tenéis un disparador remoto, mejor que mejor. Si no, o no os funciona (como fue mi caso ésa noche), podéis poner el disparo retardado (el modo 2 seg.). Yo también disparé con el dedo, manualmente vamos, y bueno no ha sido muy desastroso. Lo peor era quitarme los gruesos guantes, je, je. 

Finalmente, queda lo más "duro", el procesado en casa... como podéis apreciar, he hecho varios procesados, buscando realzar siempre a la aurora, pero sin perder el valor estético. Es difícil, eh? (y yo no soy muy competente en lo que a retoques se refiere, pero bueno, lo intento). 

En fin, el post está salpicado con algunas fotos de aquélla fantástica noche, que espero que os gusten :)

Aurora Boreal a las 1.27 a.m.
F/3,5 18 mm., ISO 1600 1,6 seg. expos.

A riesgo de repetirme, insisto en que las auroras son todo un espectáculo, una maravilla natural que merece mucho la pena ver incluso siendo tenues. Una vez más me siento realmente afortunada y agradecida de haber podido contemplar algo así. 

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30 de abril de 2013

Nepal, inicios viajeros

Ubicación: Katmandú 44600, Nepal
Hace la friolera de... 14 años!! comencé mi etapa de viajera empedernida. 
Viajé con mis padres como ya sabréis los que habéis leído el relato autobiográfico que tenéis en este blog, desde muy pequeña, especialmente  por España, los países vecinos (Portugal y Francia), y después unos cuantos mediterráneos.
Pero claro, llegó un momento en que dijeron: "chicos (mis hermanos y yo), es hora de volar solos o de quedaros en casa, pero el dinero ya no da para viajar tanta gente junta, ni siquiera en coche y con la tienda de campaña".
Y además, qué carajo! ellos también querían independencia! ;D
Por aquél entonces yo tenía... 17 años -ése verano me fui a Inglaterra un mes "a aprender inglés"-. 

Años de estudiante y tontería juvenil hicieron que salvo algunas escapadas al norte de España, también de camping y con cuatro duros, mi vida transcurriera entre Madrid y el pueblo -en Guadalajara-. 

Pero, inexorablemente, las ganas de volver a moverme por lugares desconocidos, de oír idioma o idiomas distintos a mi alrededor, de oler y comer otras cosas, y en definitiva de Viajar y todo lo que ello conlleva, volvieron... y ya no han parado. 
En el año 1999 me fui con dos amigas a las islas griegas, un lugar maravilloso. 

Katmandú

Y el año siguiente, en el verano del mítico año 2000, una de esas amigas y tres colegas más, aparte de mí misma cogimos las mochilas y nos plantamos en Nepal e India. 
 

Típico "porche" en Katmandú, donde los hombres se sientan a rezar o a fumar y pasar el tiempo... bueno, no siempre los hombres ;)
Tres de nosotros empezamos en Nepal por un problema con los vuelos que a poco nos deja en tierra dos semanas antes de salir (¡¡!!). El cónsul de Nepal, aquí en España, nos consiguió billetes nuevos con Royal Jordanian y para Agosto, por un precio escandaloso (unos 850 € ida y vuelta, entonces en pesetas). Por cierto, que gracias a esta compañía y prácticas como la de éste señor, tuve que quedarme 4 días en Delhi tirada por overbooking... pero ésa es otra historia!  
Queríamos ir, no podíamos quedarnos en casa después de todo lo preparado, las vacunas, los visados y la ilusión, y nos lanzamos a ello, decididos a apretarnos el cinturón durante el viaje.  


Hoy recuerdo aquél primer salto a Asia de una manera muy entrañable. 
 

Las calles de Katmandú siempre son un hervidero de actividad y mercadeo :)
Nepal nos encandiló desde el primer momento, y eso que apenas estuvimos en el Valle de Katmandú unos 6 días -iban a ser 3-, porque el objetivo principal era el Norte de la India. 
Me encantaría volver a Nepal y estar más tiempo, conocer más y disfrutar más de éste país de gentes amabilísimas, que se hacen querer desde el primer minuto.

Baktapur, donde coincidimos con la fiesta de Shiva

A poder ser, me gustaría ir fuera del monzón, y ése es un problema de fechas a resolver... pero bueno, In-sha allah! 
Seguro que ha cambiado mucho en muchas cosas, y espero que en otras no tanto. También yo he cambiado, lógicamente :)

La Durbar Square de Katmandú, que nunca olvidaré

En fin, no me enrollo más. Aquéllos fueron días intensos en los que por primera vez...

-montamos en rickshaw, una experiencia inolvidable. Yo no podía parar de reír, y me siguió resultando divertido siempre que he montado en uno de ésos, en éste y sucesivos viajes.

-sentimos, padecimos y vivimos un monzón, con sus cortinas de agua que no te permiten ni dar un paso sin que por ello bajen las temperaturas,

-nos encontramos con populares pastelerías que vendían sus bizcochos y viandas dulces y saladas al 50% por la tarde, para liquidar las existencias del día (un buen recurso para la cena o el desayuno del día siguiente, y en aquel entonces nos pareció -me lo sigue pareciendo- una gran idea comercial),

-nuestra tolerancia a la falta de higiene -en general, tanto en los alojamientos como en la calle-, subió hasta niveles insospechados...

-acabamos regateando por todo y por céntimos,

-aprendimos que las apariencias engañan, como por ejemplo la de aquella anciana que mientras salía encorvada de un templo lleno de gente, delante de mi, se dio la vuelta y ágilmente abrió la cremallera de mi mochila y metió la mano. Afortunadamente me di cuenta y no se llevó nada del par de cosillas sin importancia que llevaba, pero realmente no me lo hubiera esperado.

-días en los que Rajan, un nepalí emprendedor, amigo de un vasco que ni siquiera conocíamos personalmente pero era un amigo de un amigo, nos hizo de cicerone. Nos mostró su pequeñísima empresa y nos ayudó cuando le pedimos que, en secreto, nos dijera dónde comprar una tarta de cumpleaños para Jose: llevó en moto a mi amiga cruzando medio Katmandú, y yo entreteniendo al homenajeado con excusas acerca de dónde estaba ella... los de la Guesthouse estaban también "compinchados" y como niños pequeños me miraban con sonrisas de oreja a oreja y levantando las cejas, ja, ja, ja. 
Rajan también nos mostró su humilde morada, compartida por otros 2 o 3 chicos de su edad (25-27 años), todos llegados de aldeas nepalíes y dispuestos a abrirse camino con empresas propias de exportación de ropa de montaña, mini agencias de viaje, etc.
En el té que nos invitó en su casa me encontré con los restos de... ¿estropajo, pelos? Educadamente dejé la taza -casi terminada- y me aguanté la sorpresa y el repelús. Ante todo, agradecimiento a la hospitalidad y generosidad del que tiene muy poco. En situaciones como ésta es cuando hay que ponerlo en práctica.

Y un largo etcétera de grandes anécdotas y aprendizajes. 

 
Durbar Square - Katmandú
 
Deambulamos por la capital todos los días: Katmandu, ya sólo su nombre evoca grandes viajes. La magnífica Durbar Square seguía siendo el centro neurálgico de la vida cotidiana, llena de templos, mercadillos, vacas, santones, niños, guías espontáneos... Entonces no era de pago, ahora  hay que pagar una entrada para acceder a ella (los extranjeros)... Los barrios adyacentes, de ladrillo y llenos de templetes y dioses.

Dioses que dan miedo, o ternura... que son de barro o de piedra, con comida y flores a sus pies, y polvos de colores. 


El barrio de Thamel, lleno de guesthouses baratísimas, tiendas de ropa de montaña, artesanías y baratijas mil, restaurantes para occidentales, y los mochileros circulando arriba y abajo. Le cogimos cariño a aquéllas calles, a los encuentros, a los tenderos que te reconocían al pasar ya al segundo día y por tanto te saludaban con familiaridad...
Recuerdo el Alice's Restaurant, en el primer piso de uno de los edificios de Thamel. El té y una magnífica tarta de chocolate, además de una baraja de cartas, nos consoló un par de tardes frente a la lluvia monzónica. La guesthouse era un tanto mugrienta así que aquí se estaba mucho mejor...

Ciudad llena de gente yendo y viniendo y soltando escupitajos sin parar. Escupitajos que parecían sacar de los pies según el ruido que hacían antes de expulsarlos. Ése solía ser el primer sonido de la mañana, que llegaba hasta nosotros por las ventanas de la guesthouse mugrienta en la que nos alojábamos. Hasta a eso me acostumbré... y a sonarme la nariz y que el pañuelo quedara negro, por la cantidad de contaminación que estábamos respirando. Mi primera capital asiática... :D  

Baktapur
Fuimos a Baktapur y Patan, en sendos días. Antiguas capitales del Valle de Katmandú, hoy son magníficas muestras de arquitectura antigua. Patrimonio de la Humanidad, ya entonces cobraban una entrada a los extranjeros.

Durbar Square de Baktapur


Detalle de un templo de Patán


Durbar Square de Patan

Durbar Square de Patan
 

Fuimos a ver un centro de peregrinación sagrado donde los hindúes queman a sus muertos: Pasuhpatinah. Aquí los santones ermitaños se empeñaban en que les hiciéramos fotos a cambio de unas rupias, pero no cedimos (también en la Durbar Square de Katmandú).
Aquí observamos cómo es un rito de cremación hindú, mucho más de cerca y con total calma frente a lo que después encontramos en Benarés. Mientras los difuntos se quemaban en la pira funeraria, a medio metro los chavales se tiraban a la fuerte corriente del afluente del Ganges una y otra vez, entre risas y gestos de victoria. Vida y muerte absolutamente mezcladas.
Subimos la colina y encontramos un escenario de película, o de videojuego, con templos antiguos y temibles monos. Qué miedo y asco me dan esos monos, lo reconozco!.
En el horizonte el magnífico templo de tejados dorados cuyo nombre no logro recordar... y cuya entrada está vedada a los no creyentes.  


Pasuhpatinah


Pasuhpatinah
Pasuhpatinah


Cremación en Pasuhpatinah


También subimos a la estupa de Swayanbunat cruzando la ciudad por algunos de los barrios más pobres, para admirar este pequeño conjunto de templos budistas, incluido un pequeño templo tibetano.

Lavanderas en un barrio de Katmandú, de camino a Swayanbunat

Allí oímos las gompas y entramos. Estaban rezando. Los pelos se me pusieron de punta y desde entonces siempre he querido ir a Tíbet. Mejor me callo. 


La estupa de Swayanbunath, que estaba cubierta en buena parte porque la estaban restaurando...

Atesoro las poquitas imágenes que hice con la cámara analógica y compacta que llevaba en aquél entonces, casi de juguete. He salvado lo que he podido digitalizando los negativos, y con ellas ilustro este post. Para mi son imágenes muy especiales, pero son muchas más las que quedan en mi cabeza y que nunca, nunca olvidaré. 


Nepal es un destino maravilloso, mítico y creo que injustamente olvidado frente a la grande y vistosa India.
Muy muy barato. Una vez llegas, claro, aunque los vuelos a/desde India también lo son. 
También se puede ir en bus, por ejemplo desde Varanasi, pero no lo aconsejo en época de monzones. Os cuento...

Cuando quisimos irnos a India, porque habíamos quedado allí con dos amigos para seguir viaje, el autobús de línea en el que viajábamos, siendo los únicos occidentales, se paró en plena montaña.
Había derrumbamientos unos cientos de metros o kilómetros más adelante -no pudimos averiguarlo con precisión-.
Pasamos la noche parados en la carretera, entre pedos, gargajos que salían disparados por la ventanilla, pestazo a gasóil y ocasionales cortinas de agua monzónicas. 
Fue una de esas noches memorables, que empezó cuando el dueño del bus encargó al asistente del conductor (sí, 3 puestos de trabajo por vehículo: jefe, asistente y conductor), que abriera un armarito que había en el sitio donde suele haber un aparato de vídeo... y efectivamente, dicho armarito bien cerrado con un candado enorme guardaba un televisor y vídeo VHS, que empezó a funcionar. Una peli india arrancó, a todo volumen, y en la negra noche empecé a distinguir pequeñas lucecitas... eran las brasas de los cigarrillos bidi de los que se acercaban a mirar desde fuera (camioneros igualmente atrapados en la carretera). Empezó a llover y la gente se empeñó en subir para no perderse un segundo de película, pero el dueño del bus decidió restringir la entrada a todo el personal "ajeno a la obra" así que apagó la tele y cerró el armarito, ji, ji. Seguro que más de uno y de dos se cagó en su madre... pues no les gustan las pelis ni nada!!  
También recuerdo que salimos a respirar un poco, de madrugada, mi amiga y yo.  Todo el mundo dormía, y nos sentamos en el asfalto. A los pocos minutos algo se arrastró hacia nosotras, un bulto que nunca sabré si era un animal o una persona. Salimos disparadas y volvimos a subir al autobús. Por cierto que sin querer posé mi mano en el pie desnudo del dueño del bus, que dormía junto a las escalerillas de subida... ag! qué sensación! Por lo menos el hombre no se meneó.


Al día siguiente, nos dimos la vuelta. El del bus nos devolvía la parte proporcional del billete hasta la frontera, y nos intentaba convencer de que podíamos coger las mochilas y cruzar el derrumbamiento, pero los que venían de allí (nepalíes e indios) nos contaban que te hundías en el barro hasta medio muslo (y nos enseñaban las marcas de barro que daban fe de ello). Yo no lo veía nada claro, teniendo que llevar además la mochila encima. ¿Y si nos caía otro trozo de montaña encima, o nos hundíamos hasta la cintura, o perdíamos las botas en el barro? porque llover, había seguido lloviendo...

Volvimos a Katmandú y conseguimos un vuelo a Varanasi para dos días más tarde, gracias a una tarjeta VISA que yo llevaba para emergencias, y a que costaban unos 30$ (comprando de un día para otro, ojo). En la mini agencia donde nos los vendieron parecía que nunca habían visto ni utilizado una tarjeta de crédito, pero temíamos quedarnos sin efectivo durante las semanas que nos quedaban en India. Al final lo resolvieron :)

En Thamel de nuevo, los que nos reconocían por la calle nos decían: Nepal no quiere que os vayáis.

Y nos sonreían con cariño (o eso parecía). 

Espero que los años de turismo no se hayan cargado esa atmósfera especial, esa capacidad de acogida amable y delicada, emocionante en ocasiones, de sus gentes.  
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26 de abril de 2013

Apuntes sobre Londres, esa ciudad

Ubicación: Londres, Reino Unido
En marzo de 2009 me fui con mi madre a Londres, gracias a los puntos de la Iberia plus acumulados pacientemente y con la intención de visitar a mi prima... sí, a nivel de gastos no estuvo mal, y de compañía para qué contaros! ;)



Iglesia de Richmond, cercana al Jardín Botánico

Aunque por supuesto volvimos a algunos de los sitios más emblemáticos de la ciudad, ya que hacía años que no pisábamos suelo londinense (y era la primera vez que lo hacíamos juntas), también queríamos visitar el lugar donde se ubica el famoso Meridiano de Greenwich. Sí, ése que nos marca la hora y que hemos estudiado en el colegio, je, je... El primer Meridiano del mundo, dicen. 
Y por otro lado, mi prima nos ofreció un paseo por el Jardín Botánico de Londres, que resultó ser todo un descubrimiento precioso, así que paso a contaros de éste par de sitios, por si os apetece la próxima vez que vayáis :)

Empiezo por el segundo... Los Royal Botanic Gardens fueron inaugurados en el s. XVIII, con especies de todo el mundo que el explorador Joseph Banks aportó
Para los curiosos: Sir Joseph Banks fue naturalista, botánico y explorador que viajó con Cook en su primer gran viaje. Hasta 75 especies llevan su nombre. Ahí queda dicho :)
Los terrenos fueron donados por la corona, y la verdad es que su extensión es impresionante (hace que el de Madrid parezca una pequeña terraza). 




Además, es famoso por su colección de orquídeas, y hay un centro de investigación botánica de fama mundial. 



Hay caminos amplios y árboles realmente grandes, inmensos, que no podréis rodear con vuestros bracitos, je, je, a no ser que hagáis una cadena con varias personas. 

Y en cualquier momento os pueden salir al paso unas Gallinas de Guinea, o patos de diversas especies, por no hablar de los pavos reales y por supuesto las ardillas... muy chulo, y si vais con niños desde luego muy recomendable. 




A todo esto hay que añadirle los invernaderos de hierro forjado, del s. XIX, llenos de vegetación y con varias alturas que se pueden recorrer... Me encantaron!! Además me recordaron a una aventura gráfica a la que jugué hace tiempo, je, je. 








Y otra gran estrella es la pasarela elevada, que alcanza la altura de los árboles más altos del parque. Es circular, y creo que hay un ascensor (de pago), pero nosotras subimos y bajamos por las escaleras. Es una pasada las vistas del parque y de la ciudad, y el hecho de codearte con las copas de los árboles. 







El Meridiano de Greenwich (se pronuncia "grinich", recordadlo porque viene muy bien saberlo cuando hay que preguntar cómo se va, o comprar los tickets de transporte) está situado en la localidad de Greenwich, como su propio nombre indica. Sí, éste es un pueblecito del extrarradio de Londres, cerca de la City. 


Calle típica de Greenwich, frente a la entrada al parque del Meridiano
Para ir allí, nosotras cogimos uno de los barcos turísticos que navegan por el Thamesis y que salen de un pequeño muelle que hay al lado del Parlamento (cruzando el puente, pero en la misma margen del río). No tienen pérdida!! 
Aunque sean un poco caros (8.50 libras en el 2009), y no sean para unas prisas, es genial porque vas navegando por el centro del río y tienes unas vistas maravillosas de varios grandes hitos de la ciudad: la Noria, el obelisco, la Tate Modern, la Torre de Londres, etc.
Si os hace buen día, aunque la temperatura sea baja, merece mucho la pena. 






Greenwich está un par de kilómetros desde el recodo que hace el Thamesis a la altura de la city 


Al llegar a Greenwich sólo hay que subir por la calle principal que arranca del muelle, hasta que encuentras las verjas de un parque muy majo (cómo me gustan los parques ingleses, solamente por ver el espectáculo de los enormes árboles, y el de (ejem) los ingleses que salen en pantalón corto, tirantes y chanclas a 15 grados de temperatura...!). 



En una pequeña colina que hay dentro de éste parque, es donde está el Meridiano  y un observatorio astronómico. 
De nuevo desde allí, si el día está despejado, hay unas buenas vistas de la ciudad y lo mejor de todo, estamos en el 00'0'' !! 




Después de comer en un restaurante italiano bastante apañado en el mismo Greenwich, cogimos el bus para volver a la gran ciudad (con la tarjeta Oyster podéis hacerlo). 
Otro día os cuento de nuestros paseos por la margen del río, o el Londres más clásico, pero a mi estas visitas me parecen también una buena inversión en esta gran ciudad loca y variopinta, que parece que nunca acaba :)

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