25 de mayo de 2015

Wahiba sands, una noche en el desierto

Ubicación: Bidiyah, Omán


Llega la hora de hablar de otro desierto en este blog y me emociono como cada vez que me aproximo a este medio. 

El desierto es esa extensión falsamente monótona y ciertamente inhóspita en la que te puedes sentir absolutamente libre. 

La inmensidad y la belleza se respiran a partes iguales y... bueno, podría seguir intentando expresar qué se siente en un desierto y nunca alcanzaría a describirlo igual que si estás allí. Hay que ir y vivirlo, aunque es cierto que no es para todo el mundo. 

Si os molesta la arena y el polvo, allí omnipresentes... si os molesta no disponer de agua para ducharos, cobertura móvil para comunicaros, luz eléctrica, y muchísimos otros accesorios de nuestra vida urbana y cómoda... No vayáis. A mi en cambio todas estas "molestias" me hacen feliz. 


Wahiba_sands-10


Pero si no tenéis una respuesta clara para todo eso, no dejéis de ir y comprobarlo por vosotros mismos. 
Es probable que acabéis fascinados por lo poco que uno necesita, por lo fácil que es darse cuenta de lo que es realmente importante: agua para beber, alimentos, vehículo, un guía para no perderse, soledad y compañía del otro porque ambas cosas son necesarias y allí se intensifican... 

El resto son regalos: 
Noches en las que las estrellas se te caen encima, o bien la luna llena ilumina todo como si fuera una gran farola; conversaciones en voz baja y largos silencios en los que es fácil dejar la mente en blanco para dedicarse a sentir; la hospitalidad de las gentes que viven allí y saben que sin la generosidad del otro no es posible sobrevivir; la absoluta independencia del reloj artificial; el ritmo lento. 



Vamos a lo que nos ocupa.
Después de un día en el que la costa Este de Omán nos había sorprendido por su belleza, y nos habíamos bañado en las pozas del Wadi Bani, llegaba la hora tan deseada de poner rumbo al desierto: Wahiba, más comúnmente conocido como las Wahiba Sands (Arenas de Wahiba). 

Este es, dicen, una versión mini del "Empty Quarter", el gran vacío arenoso que se extiende por una buena parte de la Península Arábiga y que tiene uno de sus extremos en el sur de Omán, cerca de Salalah. Habría ido a este otro famoso desierto de no ser porque no teníamos suficientes días disponibles. Una verdadera lástima. 

Volviendo a Wahiba... menos mal que es mini porque su extensión no es moco de pavo: 180 km de dunas de Norte a Sur, 80 km de Este a Oeste, y dunas de hasta 100 y 150 metros de altura. 

Las dunas se extienden en corredores que fluyen de norte a sur, y una vez te adentras en ellas cubren todo el horizonte en un fantástico paisaje de color anaranjado. 


Wahiba_sands-2


Cuando te vas aproximando al arenal, lo primero que te encuentras es con una gran llanura pedregosa, plagada de pequeñas acacias y enmarcada por las no tan lejanas montañas. Algún que otro pueblo salpica la ruta, destacando las mezquitas blancas. 
Os dejo un vídeo que  hice con el móvil desde el coche. No es bueno, aviso, pero sirve para que os hagáis una idea. Al fondo podréis ver cómo las dunas se alzan en el horizonte. 






Primero fuimos a Bidiyah, un perfecto oasis al pie de las dunas de Wahiba. Aquí vienen en los meses de verano los beduinos que mantienen una vida seminómada. Se instalan y recogen la cosecha de dátiles del palmeral, el más grande de la zona. 

Después de parar en un pequeño taller para que bajaran el nivel de aire de las ruedas, operación necesaria antes de entrar en el arenal, visitamos a unos amigos de Amur. 


Wahiba_sands-1


Nos dieron la bienvenida en una casita a las afueras. De nuevo se trataba de una habitación independiente, amueblada únicamente con alfombras, cojines en el suelo, y un aparador pulcramente protegido con el plástico que seguramente vino en la entrega del mismo. 

De nuevo vivíamos el rito de las preguntas y respuestas rápidas. 

En esta ocasión, el jefe de familia, un hombre de unos 60 o 65 años, nos recibía en compañía de dos de sus hijos que nos observaban fija y calladamente. 

Amur hizo entrega al jefe de un precioso bastón. Era un regalo personal que le gustó mucho. Los gestos de agradecimiento fueron suaves, casi imperceptibles, pero sentidos. Creí leer el agradecimiento en su mirada, y el cariño en el rostro del que hacía el regalo. 

Unos minutos después se sumarían a la visita 4 ó 5 hombres más que nos fueron puntualmente presentados. Todos eran hijos o yernos del jefe. Y Salama, la reina de la casa, nieta del jefe. 

Con un precioso vestido de terciopelo rojo y los ojos pintados de khol (protección contra el sol, las infecciones y el mal de ojo), Salama y sus cuatro años nos conquistaron como a todos los demás desde el primer momento. Y nosotras fuimos sus juguetes nuevos. Hasta el punto de que su padre trajo una bolsa con refrescos y chucherías y ella decidió invitarnos dándonos uno para cada una (zumo de frutos rojos) e instándonos a beber con ella. Era su particular rito de hospitalidad en claro paralelismo con el de los adultos: café y dátiles que ya habían circulado entre los asistentes (empezando por nosotras, las invitadas). 

De vez en cuando Salama se daba una vuelta entre los hombres y bromeaba con el abuelo y el bastón, o la daga tradicional que llevaba al cinto. Ella marcaba su territorio y buscaba la caricia que le hacía consciente de su reinado. 
¡Que nadie se olvidara de ella aunque estuviera muy ocupada jugando con las extranjeras! 
También vino un niño, no sé si el hermano de Salama pero un chico de unos 7 años guapísimo que sonreía sin parar y fruncía un poco el ceño cuando Salama se excitaba demasiado. 


Wahiba-6


Mientras los hombres hablaban de sus cosas, y suponemos que también de nosotras a juzgar por algunas miradas y expresiones, en su árabe suave. 

No tengo fotos de esta escena porque quise vivir el momento y porque no me pareció correcto, así que no pedí permiso y sencillamente la cámara se quedó a un lado (aunque Salama miraba de vez en cuando a la máquina e incluso la señalaba discretamente, juguetona). 

Llegó la hora de partir después de beber un par de tazas de café y comer unos dátiles. La etiqueta, si no recuerdo mal, creo que marca 3 como el número de tazas de café correcto. Si las superas, puedes resultar un poco "gorrón" o pesado (ya sabéis, algo tipo "visitas que se hacen largas")... No sé si hay un número mínimo, aunque está claro que tienes que balancear la taza para indicar que no quieres más y si lo haces así, aunque no bebas ni un sorbo, creo que no quedas mal. De todas formas no estoy del todo segura! 

Al salir a "la calle" descubrí que el sol ya estaba bajando y el color de las dunas, que empezaban allí mismo, estaba encendiéndose. Bellísimo. 


Wahiba-10



Pero todavía no nos íbamos a internar en las dunas, sino que primero iríamos a visitar a los camellos que estaban en su corral esperando a que les llevaran la cena (hierba fresca) y a que los bebés pudieran ser amamantados por sus madres. 


Wahiba-7


Wahiba-9


Salama se vino con nosotros y se lo pasó bomba, haciendo monerías ante la cámara. 
Yo estaba muy a gusto allí. 


Wahiba-2


Después sí, llegó el momento de ir a nuestro campamento para pasar la noche. 

Teníamos reserva en el Nomadic Desert Camp, un campamento que yo misma había escogido con la guía Bradt de Omán y chequeándolo por Internet. Si pincháis en el nombre os vais a su web, que he querido enlazarla por si estáis interesados. 

No quería tener una mala experiencia como la de Wadi Rum, es decir, no quería dormir en un sitio calificado "deluxe" con todo tipo de comodidades y show por la noche en plan discoteca ibicenca. Además, este campamento estaba ubicado más en el interior de las arenas de Wahiba, mientras que el resto (o la mayoría de los que ubiqué vía Google Maps) se quedaban más cerca de los límites. 
Yo quería una experiencia tranquila y lo más auténtica posible, teniendo en cuenta que somos turistas y que no estamos de expedición de varios días por el desierto (como tanto me gustaría) sino que íbamos a pasar una única noche. Es decir, sin pedir "peras al olmo" pero haciendo lo posible por conseguir al menos una ;P



Wahiba_sands-3


Y acerté. Encontramos lo que creo puede ser el mejor que podíamos encontrar para un plan como este, así que os lo recomiendo vivamente. Además es más barato que los otros campamentos. 


Wahiba_sands-22


Wahiba_sands-23


No hay luz eléctrica, así que llevaos un frontal porque dentro de las tiendas no veréis un pimiento (de todas formas ellos os pueden prestar alguna linterna). No hay baños privados en las tiendas, pero sí hay unos para compartir con el resto del campamento e incluso tiene unas duchas -rústicas y a cielo abierto, lo cual es genial- que es mucho más de lo que esperaba.
Por cierto que pregunté cómo traían el agua hasta allí y así me enteré de que hay manantiales subterráneos. 


Wahiba_sands-24


Los chicos que llevan el campamento son muy amables y después de una sencilla pero rica cena tipo buffet que está incluida en el alojamiento (también el desayuno), te ofrecen té o café y compartir un rato de conversación alrededor de la hoguera, tumbados sobre alfombras y cojines... o que cada uno haga lo que quiera. 
Y ya está. Sencillo. No hace falta más. 



Wahiba_sands-21



Cuando nos dirigíamos hacia allí, Amur nos preguntó si queríamos ir directamente al campamento o dar una vuelta por las dunas e ir a algún lugar a ver la puesta de sol. 
Respuesta obvia.  





El "paseo" fue genial. Subir y bajar por las dunas en el 4x4, bamboleándonos hacia todos los lados, con un ligero temor a quedar atascados y suspiros de alivio cuando se supera la pendiente, es una sensación -otra vez- difícil de explicar. 

En mi caso, además, volvía a ver y sentir la arena, así que iba emocionada e ilusionada como los niños pequeños. 

Vimos a un grupo de coches en lo alto de unas dunas. Resulta que eran los otros huéspedes de nuestro campamento y uno de los anfitriones, así que Amur decidió que allí nos quedábamos. 

Wahiba_sands-11



Wahiba_sands-12



No me gustó mucho eso porque hubiera preferido ir a un sitio más solitario, pero de todas formas lo bueno del desierto es que a nada que echas a andar un poco (sin pasarte, porque perderse es facilísimo), la inmensidad que te rodea hace que te olvides de todo y todos y te quedes con tus pensamientos. 

Si vais con vuestro vehículo, alquilado o no, aparte del "detalle" de las ruedas debéis quedar con alguien del campamento para que os guíe hasta el mismo porque es muy fácil perderse y la situación puede ser realmente dramática. O eso, o bien contratáis un tour para que os lleven. 

No voy a intentar contaros más, sólo a mostraros las imágenes de esa tarde que se iba, de ese sol que se ponía... 


Wahiba_sands-13


Wahiba_sands-14

Wahiba_sands-4

Wahiba_sands-5

Wahiba_sands-6

Wahiba_sands-15

Wahiba_sands-16

Wahiba_sands-18

Wahiba_sands-30


Wahiba_sands-19

Wahiba_sands-7


Wahiba_sands-20




Al día siguiente, después de desayunar, nos ofrecieron dar una vuelta en los dromedarios que habían traído dos hombres al amanecer. 

Marita nunca había montado y yo hacía años que no lo hacía así que... ¿por qué no? ya que estábamos allí, íbamos a aprovecharlo y era otra manera de ver el gran arenal que nos rodeaba, así que después de elegir nuestros camellos nos dieron una vueltecilla por allí, y me acordé de aquél otro paseo hace ya muchos años en las dunas de Merzouga, y de cómo se ve el desierto desde el lomo de este animal que siempre ha llevado al hombre y sus mercancías a través de la arena y las llanuras pedregosas. 

Wahiba_sands-8


Wahiba_sands-26


Esta vez no me molesté en calzarme. 


Wahiba_sands-27



Si el día anterior me había sentido envuelta dulcemente por el abrazo del desierto, hoy esas emociones se intensificaban.

Wahiba_sands-28


Wahiba_sands-9


Wahiba_sands-29


¡Lástima que fuera poco rato! 

Debíamos partir, un nuevo día nos esperaba en Omán, de camino a Nizwa, la Capital de la Cultura Árabe. 


Leer más...

18 de mayo de 2015

Costa Este de Omán

Ubicación: Omán



Me desperté con el recuerdo imborrable de la playa de Ras al Hadd iluminada por la luna, y las enormes tortugas cumpliendo con su programación genética: el desove en la arena. 

Me desperté sabiendo que ese día, no sabía a qué hora, me reencontraría con uno de los medios que más me impactan y en los que mejor me encuentro: el desierto. 

Pero antes... me encontré con una maravillosa sorpresa. 
Le pedimos a Amur, nuestro guía, que antes de volver al interior rumbo a las arenas de Wahiba, paráramos en algún pueblo de pescadores. 
Y él respondió con un maravilloso regalo: a la altura de Asylah o As Seelah, un pueblo cuyo nombre recuerda a otra población en el lejano Marruecos (Asilah), nos desviamos hacia el borde mismo que separaba la tierra y el mar. 

Asilah-1


Nos hallábamos a... ¿50 metros? sobre el nivel del mar. Gigantescos acantilados nos separaban de unas aguas limpias, del inmenso océano que aquí se llama Mar de Omán. Atrás había quedado el Golfo de Omán. 

Por más que me empeño, el Google maps no señala el punto exacto en el que nos hallábamos. Parece que ahí hay un vacío, pero no es así... un pueblecito se sucede tras otro en la carretera secundaria que bordea la costa. Y es lo mejor que uno puede hacer antes de internarse en las arenas, en busca de los wadis y oasis que rodean uno de los desiertos más bonitos del mundo. 


Asilah-6



Contemplamos cómo las lanchas de pescadores van y vienen en busca de la pesca del día. Un hombre suele ir de pie en la proa de la barca, bien cubierto con turbante o una camiseta para proteger la cabeza y el rostro del sol y la sal. Avanzan a gran velocidad, pero el oteador hace señales en cuanto ve algún banco de peces. Para eso va ahí delante, de pie, con un equilibrio envidiable. Seguro que es un trabajo duro, seguro... pero desde la barrera, ya sabéis, todo se ve más amable e incluso romántico. 


Asilah-3


Asilah-4


Asilah-5



Parece ser que es fácil ver delfines e incluso tortugas nadando en esas preciosas aguas. No tuvimos esa suerte aunque nos resarciríamos unos días después en el paraíso de Salalah, je, je, je. 

A mi lo que me parece fascinante es la combinación de desierto y mar. Dos grandes inmensidades, duras para el ser humano, se juntan y funden sus colores en armoniosa comunión. Los beige, ocres y naranjas según la hora del día, con los azules en todas sus tonalidades. Bellísimo.  


Asilah-7


Asilah-9


Continuamos camino y al bajar nos encontramos con una playita llena de barcas de pesca donde quisimos parar y echar pie a tierra.


Asilah-13 


Asilah-11


Allí había un pescador que estaba guardando sus redes. Con mimo, las desenredaba y plegaba para la siguiente jornada, o acaso para esa misma tarde. Con su disdasha blanquísima, nos saludó sonriente cuando le dijimos Salam al-aikhum, y accedió a que le fotografiáramos después de saber que somos españolas y darnos la bienvenida a su país. 


Asilah-15


Asilah-16


Las gaviotas aprovechaban el frescor de la orilla. Como en todas las playas que pudimos ver en la cercanía y en la lejanía, grupitos de ellas destacan como pequeños copos blancos y aguantan nuestra presencia hasta determinada cercanía, claro. 

Asilah-14


Continuamos camino tomando el desvío de Al Ashkharah y enfilando de nuevo hacia el interior. Nuestro primer destino fue Al Kamil Wa Al Wafi, un pueblo donde era el día de mercado pero... justamente estaba acabando, pues la mañana ya había avanzado.  

AlKamilWaalWali-15


Así pues, nos acercarmos al viejo castillo que hoy es museo y es regentado por Ahmed, dueño y príncipe de 42 años, creador del museo y su colección. 
Un tipo simpático, entusiasta de la historia de su país, curioso y regalador de sonrisas y bromas. ¡Todo un personaje! 



AlKamilWaalWali-3


Ahmed es un fan de las antigüedades. Tanto es así que se ha dedicado a recopilar todo tipo de objetos, desde los juguetes de su infancia (también la mía, pues somos de la misma quinta), hasta verdaderos tesoros como las alforjas de las antiguas caravanas. 


AlKamilWaalWali-12



El folleto que él mismo edita habla de que tiene más de 10.000 antigüedades alojadas en el castillo. Todas y cada una de ellas han sido recopiladas por él, haciendo numerosos viajes a lo largo y ancho del país. 


AlKamilWaalWali-1
La primera sala que nos muestra el mismo Ahmed, está abarrotada de colecciones de distintos objetos, desde uno de los primeros teléfonos móviles (de esos que iban en maleta) o un televisor de los 70s, hasta billetes y monedas de muchos países, pasando por joyas y objetos de los ajuares tradicionales que se regalan en las bodas. 



AlKamilWaalWali-2
AlKamilWaalWali-4
Puertas de Zanzíbar



AlKamilWaalWali-5
La espumadera, un humilde y antiquísimo invento





AlKamilWaalWali-6
Porcelanas chinas que a buen seguro fueron traídas en los dhows provenientes de Asia. 


AlKamilWaalWali-7
Cerraduras con mecanismos secretos


AlKamilWaalWali-9
Baúles que en su día transportaron telas y especias cruzando mares y desiertos


AlKamilWaalWali-11
Antigüedades no tan antiguas... ojo a la colección de botellas de refresco colgada en la pared, al fondo



Fascinante lugar que no hay que dejar de ver. 

Si está cerrado, aporread la puerta e identificaos porque abrirá, os mostrará su museo o encargará a su ¿empleada? ¿mujer? asiática que os lo muestre (y es igual de simpática que él), y finalmente os invitará a un café con dátiles sobre la alfombra en el patio, para lo cual os ofrecerá una antigua jofaina para lavaros la mano (con la derecha es suficiente). Por cierto que ahí me abrasé la lengua y fui incapaz de terminar el segundo café.  
La entrada cuesta 2 OMR por persona (unos 5 €).
A nosotras la visita nos llevó una hora y media al menos, más el rato del café con él, donde nos contó que uno de sus sueños es visitar las kasbahs de Marruecos que tienen cierto parecido con las fortalezas omaníes. Se lo confirmé ;)

También entre sus planes está el adecentar parte del castillo para convertirlo en hotel, y abrir un restaurante. ¡¡Seguro que lo consigue y que le va muy bien a juzgar por su energía!! 


AlKamilWaalWali-8
El abuelo de Ahmed, emir del lugar. 



AlKamilWaalWali-13


Nos fuimos casi con pena al despedirnos del entrañable Ahmed, para poner rumbo al Wadi Bani donde comeríamos y nos daríamos un baño. 
Este es probablemente el mejor Wadi a visitar. 


WadiBani-1



Enorme y precioso, siguiendo las indicaciones se llega a la zona de las pozas donde bañarse. 
Tras dejar el coche en una especie de parking, avanzamos por un caminito estrecho bordeando un canal de agua, el sistema de riego que mantiene esos magníficos palmerales, hasta una pequeña laguna. Allí hay un sitio para comer de buffet, carísimo (4 OMR = 9 € aprox.) así que si podéis, comprad vuestra comida en algún supermercado o tienda, que será mucho más económico. 

Podemos bañarnos allí mismo, o bien avanzar por un camino inexistente entre rocas pulidas por las crecidas del río temporada tras temporada, hasta una zona de pozas preciosas. 


WadiBani-2


Así lo hicimos! Advertencia: está prohibido bañarse en bikini, así que todo lo más, bañador de cuerpo entero y si no, directamente con la ropa... Esto es lo que hicimos nosotras y casi que lo agradezco porque al salir me encontré con una sanguijuela prendida de mi pantalón. Cómo odio a esas chupasangres... 


WadiBani-3


Otro aviso: cuidado con las fotos, especialmente a las mujeres y las personas mayores. Hay mucho turismo local pero igual que nosotros, no quieren ser molestados y más en un lugar en el que van a bañarse. 
Los habitantes del Wadi son también bastante hoscos en este sentido, pero resulta lógico teniendo en cuenta que aquí vienen muchos visitantes. 


WadiBani-4
Nuestro rincón de baño



Tras andar unos 15 minutos entre las rocas y con el sol como única compañía, llegamos al lugar elegido. 

Un chico indio que se estaba bañando, con toda seguridad uno de los trabajadores del Wadi, se adelantó y me ayudó a cruzar el riachuelo que estaba muy resbaladizo... pero después intentó "jugar" conmigo, en plan pesadito. 
Enseguida nos preguntó si viajábamos solas, y en cuanto le dije que no, que íbamos con un omaní, hizo una última comprobación: preguntar su nombre. Nosotras respondimos enseguida y las dos a la vez, así que le quedó claro que no era un farol, dejó el tema y se largó. 

Está claro que tienen mucho respeto a los omaníes y no se les ocurre hacerte nada si saben que no vais solas, así que tenedlo presente y utilizadlo en caso de que sufráis algún tipo de acoso de este tipo (aunque sea mentira, inventaos un nombre). 
Esto no ocurrirá con los omaníes, pero sí con los trabajadores inmigrantes (no fue esta la única ocasión). Claro, andan bastante solos sin acceso a las mujeres... son un polvorín, vamos. 

Ya tranquilas, disfrutamos muchísimo del agua. Solamente una pareja de alemanes y su bebé compartía el espacio con nosotras. 


WadiBani-5


WadiBani-6



WadiBani-7


Después ya sí, pusimos rumbo al desierto, pero creo que esto lo voy a dejar para el siguiente capítulo porque como sabéis, el desierto merece su propio espacio. 



Leer más...

LO MÁS VISTO DEL MES

Total de visitas