18 de octubre de 2011

Sáhel, tierra indómita

Ubicación: Gorom-Gorom, Burkina Faso

Tenía muchas ganas de hacer un post sobre el Sahel o Sáhel, palabra árabe que significa “borde”, “costa”. Una franja de territorios que cruza el África subsahariana de este a oeste… justo al sur del Gran Desierto, el Sáhara, y al norte de la Sabana. Efectivamente, es la transición de un clima a otro, el intermedio natural. 



A menudo las referencias que nos llegan en los medios de comunicación son de sequías y hambrunas que aquí se padecen. Ciertamente, son tierras poco hospitalarias, duras, de clima extremo, donde subsisten año tras año numerosos grupos de pobladores de diferentes tribus. Viven con lo mínimo, nomadeando si siguen la vida tradicional, o en las últimas décadas agrupándose en ciudades remotas, generalmente para vivir en chabolas y buscarse la vida día a día, en peores condiciones y sin poder aplicar la sabiduría y la capacidad de adaptación en un medio que conocen menos, o nada en absoluto. Las reglas de antes ya no sirven para su nueva vida...  

Territorios en los que siempre ha habido movimiento humano... Mejor que adentrarse en los grandes erg o extensiones de dunas del Sáhara, por aquí han circulado gran parte de las caravanas dedicadas al comercio de oro y sal. Hoy están diezmadas, y la mayor parte del comercio circula en camiones. 


Antaño, también los traficantes de esclavos tenían que pasar por aquí. Se dirigían a las costas atlánticas con esa actividad infame, con todas esas personas que eran tratados peor que a los animales. Hoy lo hacen las mafias de emigrantes, la versión moderna de los esclavistas.  

El Sahel abarca sur de Mauritania, Senegal, Malí, Argelia, norte de Guinea y Burkina Faso, Níger, norte de Nigeria y Camerún, así como Chad, Sudán y Eritrea.


De momento, y digo de momento porque pienso volver mientras pueda y según se vayan construyendo las oportunidades, he podido recorrer una ínfima parte de estas tierras, en el norte de Burkina Faso, Malí y el Extremo Norte de Camerún.
Y no sé por qué, me ha fascinado. De ahí que quiera volver. Quizá porque desde pequeña la palabra Sahel ha sonado en mi casa, mi padre me ha hablado de esas tierras y de las historias sobre los imperios de Malí y Ghana, de los nómadas que van con sus rebaños de aquí para allá… Quizá porque he tenido a mano libros de viajes, de relatos y de fotografías referentes a estos territorios. Quizá por la simple sonoridad de la palabra, Sahel.
No obstante, podía haberme defraudado una vez allí, pero no es así. Rara vez lo es cuando hay antecedentes tan poderosos como éstos ¿no? :).

Con todas sus sombras, el Sahel que he podido ver y que me ha enamorado es el de la época de lluvias (de Julio a Septiembre), cuando el harmatán se detiene (viento que genera grandes tormentas de arena y que puede volverte loco según los nómadas, soplando incesantemente durante días y días) y el tímido verdor surge entre la arena y las piedras

Un tímido verdor acompañado de riachuelos ocasionales, de muchas plantas diferentes y de una variedad de pájaros de vivos colores que te dejan con la boca abierta. La mayoría son pequeños, de movimientos muy rápidos, y a los que hay que prestar mucha atención para no perdértelos… Perfectamente adaptados al entorno, aunque sorprendentemente llamativos porque se distinguen perfectamente de los colores terrosos que dominan todo. Merece la pena el esfuerzo de verlos y captarlos con la mirada (muy difícil con la cámara!) porque es como un oasis en movimiento. También puede haber ocasión de encontrarte con grandes águilas, majestuosas, posadas a un palmo del techo del 4x4… 


A pesar de ser época de lluvias, los días son calientes, muy muy calientes, hasta el punto de que el aire se espesa, el polvo se masca, y las acacias cubiertas de pinchos en las que tan hábilmente las cabras arrancan los brotes que asoman, no ofrecen mas que una sombra raquítica y en absoluto fresca. El sudor desaparece según sale de tu cuerpo, y puedes deshidratarte sin darte apenas cuenta.

Un pinchazo de rueda o un atasco en la arena y barro, es algo muy sencillo de arreglar, pero una avería de mayor envergadura puede dejarte allí tirado durante mucho tiempo, días, sin que pase ningún vehículo que te pueda ayudar, así que siempre hay que ir equipado con agua y comida para más tiempo del que en teoría te llevará a la siguiente etapa. Afortunadamente, no me ha pasado (lo de los pinchazos, sí, y varios). 


Por el camino, de repente, aparece toda una familia de nómadas con sus pertenencias, buscando mejores pastos para su ganado, agua, ese bien tan preciado y que tan poco valoramos aquí. Mantienen cierta distancia hasta que el jefe habla y decide si pararse o seguir camino. En función de su destino lo harán o no… no pueden pararse así como así, la supervivencia del grupo está en juego. 





El ganado es parte del grupo, de la familia. Son sus animales los que les dan sustento, bebida, comida, soporte  para sus pertenencias y para ellos mismos, para los ancianos (hay pocos, muy pocos… la esperanza de vida es corta), y para las mujeres y los niños que no aguantan las caminatas bajo el sol abrasador así como así.
No obstante, por el camino veréis cadáveres más o menos recientes de vacas y bueyes. Son los animales que han enfermado y tienen que quedarse varados para no retrasar al grupo, para no poner en riesgo a los demás. Y se desprenden de ellos con lástima, no sólo por su valor económico, sino también sentimental. 





Recuerdo cómo en los alrededores de Gorom-Gorom, localidad del Sahel burkinabés famosa por su mercado semanal, pero bastante alejada de los circuitos turísticos, un bella, tribu cercana a los tuareg (eran sus esclavos o sirvientes), nos muestra una cría de camello, orgulloso. Se dirige al “bebé” con caricias llenas de cariño. Es un signo de prosperidad, un logro, una promesa de tiempos mejores si sobrevive después de las lluvias.


Pasar una noche en un campamento de Kel Tamashek, tuaregs, en la zona limítrofe de Burkina Faso y Malí no tiene precio… La noche se cuaja de estrellas, absolutamente oscura. Observamos cómo la luz va cediendo paso a la noche y engullendo las tiendas nómadas que están plantadas aquí y allá, separadas al menos por unos 100 metros.
Así se procuran intimidad para cada núcleo familiar, y un poco de independencia, pero sin perderse de vista. Tiendas que durante el día mantienen sus faldones levantados para que circule el aire. 




Y allí se recuestan las señoras de la casa, cuya principal misión es mantenerse a la sombra para no ennegrecer su piel, mantenerse bellas y orondas (sí, aquí las carnes son signo de prosperidad y de belleza), coordinar a los sirvientes que han de ir a por leña, batir la leche recién ordeñada para conseguir mantequilla y hacer el té… El té que protagoniza el día y la noche, con el que se ofrece hospitalidad al extraño, con el que se entabla conversación… 



Nunca olvidaré la  noche acompañada de los cantos de los niños y jóvenes del campamento que se acercaron a compartir un rato con nosotros. Allí no hay televisión (ni falta que hace!), y los entretenimientos nocturnos siguen siendo los de siempre: contar cuentos, cantar, bailar. 
Una voz masculina llama a las jóvenes que bailan y se ríen con nosotros aun sin compartir ningún trazo de idioma, y corren en la oscuridad para volver a su casa...


Es cierto que el recuerdo se tiñe de romanticismo, una vez aquí, una vez el tiempo pasa. Atesoro las imágenes de esos parajes aparentemente desolados pero que en realidad están llenos de vida, y pienso que es un lugar digno de ser objetivo de viaje, para contemplarlo y para entenderlo, para saber que está allí y que existe y que deberíamos aprender mucho de ello. 






5 comentarios:

  1. Tiene que ser espectacular toda esa zona y lo de los coches toda una aventura, suerte que nunca tuvistes una avería gorda!!!! La mirada de los niños es preciosa y aunque África no entra dentro de mis planes más cercanos me guardo todos tus relatos para un futuro. Un saludito. ;-)

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  2. Muchas gracias guapa!!! durante unos cuantos años no era mi prioridad, hasta que un día decidí probar y... uf, es increíble. :)

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  3. Espectacular la entrada, las imagenes parecen sacadas de otro mundo, este tipo de entradas ayudan a reflexionar sobre la vida y como la tratamos de manera injusta muchas veces.

    No me extraña que quieras volver, debe ser una experiencia única.

    Verónica de
    Vero4travel

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    1. Muchas gracias Verónica! Es otro mundo, realmente lo es... Me alegro de que haya podido transmitir un poco de esa magia y del mensaje que podemos sacar de un sitio tan duro y tan lleno de belleza a la vez :)
      Un abrazo

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  4. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

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